Calderón en la ONU

Calderón en la ONUEn fecha reciente, Felipe Calderón, tuvo su última participación en su carácter de Presidente de México, ante la Organización de las Naciones Unidas. En un acto sin precedentes, Felipe Calderón se atrevió a solicitar del organismo internacional, que abriera el diálogo sobre el enfoque prohibicionista.

En un discurso timorato y moralista, el jefe del ejecutivo urgió a los miembros a encabezar una lucha frontal contra el crimen organizado, o en su caso, frenar el flujo del dinero que emana del tráfico internacional de estupefacientes. Tristemente, Felipe de Jesús, olvidó el propósito, y el ámbito de acción de la propia ONU, quien carece de personalidad jurídica, para poder modificar las leyes internacionales al respecto.

Seguramente, los poquísimos correligionarios que aún conserva, aplaudieron desde sus casas la “valentía” del aún presidente, pero los conocedores, no hicieron otra cosa que retorcerse en sus asientos avergonzados.

Y es que la Organización de las Naciones Unidas, tiene como ejes de acción, los temas de control de armas y desarme, el mantenimiento de la paz, los derechos humanos y la asistencia humanitaria, primordialmente. Corresponde a cada nación de manera unipersonal, e invocando a sus estados democráticos, resolver sobre sus leyes y programas, con los que deberán enfrentar al fantasma del tráfico de drogas.

Nuevamente la terquedad y la cerrazón, hicieron presa de la sagrada conciencia de Calderón, quien haciendo las veces de soldado defensor, paladín de la verdad y las buenas costumbres, se rasgo las vestiduras, en nombre del “bien supremo”. El vapuleado jefe de estado, movido por el miedo al juicio de la historia, les fue a gritonear a los miembros de la ONU, defendiendo lo indefendible.

Por si fuera poco, las respuestas casi instantáneas no se hicieron esperar, y Yury Fedotov, director ejecutivo de la Oficina de Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito, señaló que antes de hacer modificaciones a los acuerdos internacionales al respecto, habría que reducir la demanda de estupefacientes. En pocas palabras, Calderón se paro “como chencha”, frente al organismo internacional, que emite comunicados y sanciones respecto a derechos humanos, tema escabroso para el actual gobierno.

Y la pregunta sería ¿Qué hizo Calderón para frenar el flujo de recursos emanados del narcotráfico durante su gobierno?, ¿existieron programas de prevención, dirigidos a jóvenes?, ¿se fortaleció la cultura, el deporte y la recreación, como mecanismos alternos y formas de alejar a la comunidad de conductas de riesgo? No se requiere ser mago ni clarividente, para responder esa pregunta. Se trata de un no rotundo, y si los esfuerzos existieron, en suma nunca fueron notorios u ostensibles, nunca comparados, a la ola de violencia que azotó al país en los últimos seis años.

No se trata de sopesar lo infinitamente malo, frente a la nimiedad de los esfuerzos, sucede que el trabajo en esa materia pareciera desierto o escaso. El propio Calderón en el pecado llevo la penitencia, fue él quien en primera instancia, difundió hasta la saciedad, las acciones, detención, y en su caso, disolución de grupos o células del crimen organizado. Los graves retrocesos en materia de derechos humanos, fueron elevados por el jefe del ejecutivo, a nivel de logro de gobierno, lo anterior, en referencia a los tristemente nombrados, “daños colaterales”.

Pero más allá del análisis contextual, ver a Calderón hablando en la ONU, en ese tono beligerante que le caracteriza, resulta además chistoso. Terco en su afán de pasar a la historia, intentó legitimar al triunfo de Enrique Peña Nieto, recibiendo la rechifla ciudadana casi al instante. Se quedó a la mitad en su ambición de convertirse en otro Ernesto Zedillo, en su caso, no tuvo la habilidad, ni el talento para serlo.

Felipe Calderón pasara a la historia, como uno de los peores presidentes que hemos tenido, promotor de un estado fallido, y  la violencia institucional. Pero además, entrara en los anales de los sucesos extraños y cómicos, al haberse portado como un Caifás en pleno siglo XXI, frente a la Organización de las Naciones Unidas.


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