Democracia corporativa

Aldo Fulcanelli

Aldo Fulcanelli

Se entiende por corporación, a un cuerpo u organismo de interés público, a veces reconocido por la autoridad. Y continúa la definición, “son corporaciones las reales academias, las cámaras de la propiedad y de comercio y navegación, el Senado, el Congreso y otras instituciones similares”.

Sin embargo, se consignan definiciones alternas como la siguiente: “grupo de empresas o sociedades que trabajan de manera independiente pero que tienen fines comunes”. Más allá de las coincidencias o divergencias, respecto al significado en sí, a menudo, cuando escuchamos o leemos, la palabra corporación, pensamos en empresas de gran poder, cuya influencia rebasa aún, el ámbito de control que la propia ley consigna.

El arribo al poder de Carlos Salinas de Gortari, representó el paso de un estado proteccionista, a una economía fundamentada en las tesis del liberalismo social. Lo anterior, implicó entre otras cosas, la venta de Teléfonos de México, la privatización de la banca, el cese al reparto masivo de tierras (Reforma Agraria), la reanudación de las relaciones iglesia-estado (interrumpidas más de un siglo), así como la puesta en marcha del ostentoso PRONASOL (Programa Nacional de Solidaridad), el cual, fue utilizado con ciertos cambios por los gobiernos posteriores.

Mientras el país lo miraba atónito, Salinas de Gortari se adornaba con discursos redentores y promisorios, de una bonanza económica tan frágil como costosa para la nación.

El presidente bailaba al son que le tocaran. Sí las críticas internacionales, cuestionaban la dureza de sus métodos represivos, el conformaba la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Si se hablaba de las misteriosas desapariciones de líderes cercanos al PRD, el otorgaba registro a partidos políticos emergentes, cuyo triste papel, fue el de ser satélites del poder en turno.

Si el Partido Acción Nacional (sin cuya anuencia su gobierno no hubiese sido reconocido), reclamaba espacios, Salinas se los otorgaba a través de las famosas concertacesiones en los estados.

Mediante el otorgamiento de concesiones, o la venta formal a través de subastas públicas o concursos, Salinas entregaría los bienes de la nación a personajes que a la postre, tendrían una intromisión permanente en la  política de México, lesionando gravemente la democracia.

Una tarde cualquiera de los años noventas, en el televisor, se interrumpe un programa, para dar paso a un mensaje del Presidente de la República. Con esa retórica pegajosa que le caracterizó, Salinas de Gortari habla de las bondades de la economía mexicana, de las decisiones tomadas por él, pero con el consenso de los Partidos Políticos (los cuales sucumbieron a los encantos del maestro de la prestidigitación), y el aplauso de la tibia sociedad civil. Sucede algo que me deja boquiabierto, el entonces “señor del gran poder”, imbuido de su propio talento para seducir a la audiencia, menciona unas palabras que no olvidaré.

“Compatriotas, les invito, a que respetuosamente, entonemos el Himno Nacional Mexicano”, señala el entonces mandatario en cadena nacional. La demagogia, disfrazada de patriotismo, nunca antes alcanzó tal nivel. En sus crónicas, Carlos Monsiváis calificaría al momento, como alucinante.

Como Primer Mandatario, Carlos Salinas demandó del pueblo, lo que nunca antes ningún otro gobernante se atrevió. Manos libres para privatizar, gestionar,  otorgar, y en su caso, disolver, lo que fuese necesario. La respuesta fue del tamaño de la solicitud, un pueblo anestesiado ya por la televisión, y el embate de una pujanza económica transitoria, otorgo todo el poder. Todo bajo la promesa de que México, ascendiera por fin al primer mundo.

Las medidas de poner fin a las transmisiones del Instituto Mexicano de la Televisión, y la cesión de las redes de los canales nacionales 7 y 13 para dar inicio a las operaciones a TV Azteca, señalarían también, el papel que los medios jugarían en un futuro próximo. Tales medidas, serían justificadas con los adjetivos de autosuficiencia, modernidad, renovación y productividad, por el gobierno mexicano.

Carlos Slim Helú,  Roberto Hernández, Ricardo Salinas Pliego, Germán Larrea, Claudio X González, Roberto González Barrera, o Alberto Bailleres, son algunos de los empresarios que se beneficiaron con las medidas tomadas por el gobierno. Gracias al salinismo,  dichos personajes adquirieron TELMEX, BANAMEX, TV AZTECA, BANORTE, Minera de Cananea; solo por citar algunas.

El sexenio salinista, es la punta de lanza para comprender el gran proceso que el país vivió, y donde de manera abierta, se consolidó el papel de las corporaciones empresariales, y sus lazos de poder con la política.

Ernesto Zedillo, simulando un conflicto con su antecesor (el cual existió solo en parte, y fue magnificado por los medios), no hizo más que continuar impulsando las medidas económicas, puestas en marcha en el sexenio anterior. En el año 2000, el candidato Vicente Fox, explota como nadie el llamado de la alternancia, seduciendo a los electores con promesas de cambio. Si los gobiernos emanados del PRI, se caracterizaron por su autoritarismo, el gobierno de Fox, creció en ingobernabilidad, dando margen al enquistamiento de los poderes de facto.

Los medios de comunicación monopólicos, coludidos con las grandes empresas, comenzaron a tomar poder. Aquellos espacios mediáticos que el propio Fox utilizaría en campaña, lo ridiculizarían a la mitad de su sexenio, manifestándole quien tenía la fuerza. Amparados por una abismal ausencia de liderazgo, dichos medios transan con los partidos, atreviéndose a negociar en secreto. Una de las muestras de esas coaliciones Partidos Políticos-Medios,  es la controversial  “Ley Televisa”, publicada el 11 de abril del 2006, y cuya aprobación representó un gravísimo revés al espíritu democrático de las leyes.

El poder de los medios (entiéndase duopolio Televisa Tv Azteca), alcanza un álgido nivel, cuando en la difusión del Foro Sobre Reforma Energética que se llevó a cabo en el Senado de la República (1 de julio del 2008), la imagen del Senador Santiago Creel Miranda, fue borrada deliberadamente, en la transmisión de Noticieros Televisa. El hecho, sin precedentes, indignó a propios y extraños, motivando un tibio extrañamiento por parte de RTC a la televisora.

Tenemos pues, medios monopólicos que deliberan, pactan y amagan, a los gobernantes o políticos en turno. La difusión de llamadas privadas entre gobernadores y empresarios, en horarios estelares, permite considerar el enorme poder de inteligencia, los lazos que los medios han tejido, con grupos que trabajan en la sombra; y al amparo de intereses ocultos.

Basta echar un vistazo, a quienes integran el Consejo de Administración de Televisa. Enrique Krauze,  Claudio X. González Laporte, Roberto Hernández Ramírez, Germán Larrea, y Pedro Aspe, solo por citar algunos. Todos los anteriores, ligados de algún modo a Carlos Salinas, beneficiados en su sexenio, y con gran intromisión en las fatídicas elecciones del 2006.

Así, se entretejen las redes del poder en México. Corporaciones que controlan al consumidor, las cuales, a través de sus personeros, se incrustan en los medios, los cuales, dicho sea de paso, fortalecen o derrocan candidatos. Así, se sustituyen valores e intereses. Partidocracia en lugar de alternancia, ignorancia en lugar de educación, moralismo en lugar de valores cívicos, y desde luego, pobreza, en lugar del progreso tantas veces prometido.

El año del 2012, ha representado como nunca, la alianza entre medios y el poder. Basta observar la integración de la llamada “telebancada”, en donde diputados y senadores electos mantienen nexos con las televisoras, quienes los proponen.

Jorge Mendoza, ex presidente de la Televisora del Ajusco, Rubén Acosta, emanado de la COFETEL, y cercano a Javier Dondé, directivo de Televisa.

Mónica García y Antonio Cuéllar, ex directivos de Televisa, Luis Armando Melgar, Presidente de Fundación Azteca Chiapas, o la propia Ninfa Salinas, hija de Ricardo Salinas Pliego solo por citar algunos. Ante esta situación, cabe hacer una pregunta ¿legislaran estos diputados y senadores por el bien del país?, ¿velarán por los intereses de todos los mexicanos? La respuesta, es evidentemente un rotundo no.

Es obvio que los diputados de la “telebancada”, fueron propuestos por los medios de comunicación en los que laboraron alguna vez, y jugaran el honroso papel de consejeros, flamantes “conciglieri” del poder, defensores de las corporaciones que los ungieron.

Durante el 2012, los partidos políticos recibirán por parte del IFE, más de cinco mil millones de pesos para su financiamiento. La estratosférica cantidad, que incluso han estado recibiendo los partidos en lo individual, rebasa las percepciones de miles de trabajadores (en caso de gozar de doble salario mínimo).

Ante esta realidad, no queda más que decir que hoy, más que nunca, estamos inmersos en una verdadera democracia corporativa, aquella que gasta fortunas en elecciones y en sueldos de diputados o senadores (cruelmente llamadas dietas), y que sigue vendiéndole al ciudadano, la idea de que mantener a varios partidos políticos, es sinónimo de real alternancia.

El ciudadano por su parte, acepta el convite, votando por partidos grandes o pequeños, manteniendo así el principal engrane de ese gran entramado a través del voto.

Imposible echar flores, a un sistema que mantiene a cientos de holgazanes, los cuales, impedirán seguramente que las iniciativas que realmente requiere el país sean aprobadas (con honrosas excepciones).

¿Cómo justificar?, ¿Cómo entender el papel de ese millonario sistema?, el cual encarece la vida del ciudadano a cambio de entronizar a los que se dicen sus representantes, matándoles el hambre durante varios años.

El triste destino del ciudadano mexicano, recuerda (guardando las respectivas proporciones), al suplicio sufrido por los prisioneros en los campos de exterminio. Diariamente cientos, miles de mexicanos, ven morir sus sueños en ese cruel horno crematorio que es el sistema político mexicano, el cual devora sus salarios y sus aspiraciones. Los sufragantes con su voto, siguen manteniendo a ese monstruo transexenal de mil cabezas, las cuales se duplican al son de sus propios intereses. Un dinosaurio inteligente que se niega a morir, que vive de la sangre, la miseria, pero también de la somnífera ignorancia de la población.


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