El sentido de reconocer

Fotografía de Sara Lovera

Sara Lovera: Palabra de Antígona

Dentro de algunos años mi nieta o mi bisnieta van a preguntar: ¿Por qué se llama así esta clínica de salud? Y entonces le van a contar la historia, “fíjate que Marta Lamas fue una mujer que en el siglo XX, le puso nombre a todos los contornos de la llamada tercera ola del feminismo, donde las mujeres de su generación colocaron el acento en la libertad del cuerpo y en la urgencia de saber para poder hacer. Pero ella fue una pionera de esa la lucha libertaria”.

Y es que desde el 20 de febrero último una Clínica de Salud Sexual en la delegación Miguel Hidalgo de la ciudad de México lleva el nombre de Marta Lamas, como un reconocimiento a su trabajo activo e intelectual que ha echado luces al avance de las mujeres.

Y el reconocimiento ha llegado a tiempo, para que ella lo disfrute.

Cuando Adelina Zendejas recibió el Premio Nacional de Periodismo en 1988, me dijo que estaba muy contenta, pero que su reconocimiento había llegado demasiado tarde, me estremecí. El texto que preparó no lo pudo leer en la ceremonia que en Palacio Nacional presidió el entonces presidente de la República, Miguel de la Madrid.

Adelina Zendejas fue una de las piedras angulares de la lucha por los derechos sociales de las mexicanas, integrante del Frente Pro Derechos de la Mujer que en los años treinta construyeron la agenda de reivindicaciones para las mujeres, que aún tiene montones de pendientes, como se dice hoy en lenguaje institucional.

Lo mismo me dijo hace año y medio el escritor Jorge López Páez, quien recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes en la categoría de Lingüística y Literatura 2008 durante una ceremonia en Los Pinos. Tuvimos que llevar el auto hasta la entrada del auditorio para que no caminara en exceso. López Páez ha escrito unas 40 novelas y cientos de cuentos, es pionero en su estilo y enfoque. De él, Carlos Monsiváis, dijo que es uno de los grandes cuentistas mexicanos. Pronto cumplirá 90 años.

Por eso es tan importante que el gobierno de la ciudad de México haya puesto a una Clínica Especializada en la Salud Sexual y Reproductiva el nombre de Marta Lamas, la antropóloga, activista y académica que todos los jueves por la mañana da cátedra en el noticiario de Brozo en ForoTV del canal 4 de Televisa.

Esa parecería ser su ficha curricular para el gran público, a donde ha llegado tras un largo camino de acciones, creaciones y gran tesón como una de las figuras ya emblemáticas del feminismo mexicano.

Se dice pronto. Marta Lamas ha sido para el feminismo mexicano pionera fundamental para el movimiento. Fundadora de todas o casi todas las primeras iniciativas orgánicas de las activistas que salíamos a la calle a protestar en los años setenta: el primer grupo de protesta que formó el Movimiento de Liberación de la Mujer (MLM), el primer grupo que develó la violencia contra las mujeres, el primer grupo que se ocupó de las mujeres del trabajo doméstico junto a Mary Goldsmith; las primeras que evidenciaron en 1975, las limitadas acciones gubernamentales. La recuerdo volanteando en las calles a propósito de la Conferencia Mundial de la Mujer.

Hay fotos de ella en todas las marchas, protestas y demandas. Una lucha que la marcará en definitiva es por la despenalización del aborto. Creadora de un cúmulo de modernos espacios para establecer propuestas, estudiadas y sistemáticas, como el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE).

Hace años, una migrante boliviana me dijo sorprendida que nunca había visto, en la casa de una feminista, tantos y tantos libros. Estudiosa, investigadora y articulista, que efectivamente encontró el lazo entre teoria y práctica, como enseña el marxismo.

También fundadora de FEM, promotora del nacimiento de Doble Jornada; promotora de los derechos ciudadanos, capaz de dialogar con los hombres -cosa que nos horrorizaba a algunas-, colaboró en Nexos y actualmente en Proceso; solidaria y cercana hace décadas al movimiento gay y, por supuesto, autora de innumerables ensayos, estudios, artículos y publicaciones.

Una noche en su casa, con algunas feministas latinoamericanas, decía con sorpresa que ella y otra feminista, habían conseguido no cejar en la lucha y el activismo a pesar de los años. Sus contemporáneas del Movimiento de Liberación de la Mujer o de un grupo inicial llamado Mujeres en Acción Solidaria (MAS), simplemente habían emigrado del activismo. Ella no.

Marta Lamas que hace 22 años empezó a publicar Debate Feminista, un libro que aparece dos veces al año, donde una puede siempre actualizarse en el curso de las reflexiones y propuestas feministas del mundo. No para, parece que no se detendrá algún día.

Una puede no coincidir con ella en mil y un asuntos, pero lo que no se puede negar es que su trabajo y su militancia, su constancia y sus reflexiones, han sido fundamentales en este país, para conseguir muchos de los avances legislativos, sociales y culturales. Sin su aportación no hubiéramos conseguido nunca la ley que permite interrumpir el embarazo hasta las 12 semanas en el Distrito Federal.

La Clínica que lleva su nombre en la delegación Miguel Hidalgo, entregada a la población por el jefe de gobierno, Marcelo Ebrard, el 20 de febrero pasado, sin discursos vacíos sino señalando que simplemente es un reconocimiento a la labor de esta mujer que por suerte está joven, es pensante, no hay forma de que un día se quede bajo las sábanas más allá de las 7 de la mañana, siempre de buen humor, festiva, eternamente leyendo y pensando.

Son estos los reconocimientos que necesitamos las mujeres para continuar con los pendientes. Porque simbólicamente dejar la huella perene en el público de esta y las generaciones que siguen, es empezar a reconocer a una inmensa generación de mujeres, que hoy trabajan y difunden los feminismos en todos los rincones de México, que han traspasado fronteras, que han tomado la palabra y que han obtenido algunos logros.

Lo que falta, y ella lo señala constantemente, es conseguir esa masa organizada de mujeres que pudieran transformar a fondo este sistema desigual y antidemocrático, que nos acosa. Lo que sigue es que esos machos, socialistas o democráticos, tomaran nota para que cuando lleguen al poder, reconozcan la tarea de las feministas y dejen de ver a las mujeres como víctimas.


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