La inmensa minoría

Aldo Fulcanelli

Aldo Fulcanelli

Las elecciones celebradas recientemente, en donde se buscó la titularidad de la primera magistratura, dejaron en claro la situación política que vive el país, y la posición que los ciudadanos guardan ante esa realidad.

Como en toda gran evaluación, se obtienen dos cosas importantes. Por un lado, el resultado, cuyo grado de precisión, en este caso, genera desconfianza por parte de la ciudadanía, la cual ha dejado de confiar en sus instituciones. En otro sentido, aparece la consecuencia o la forma de actuar de la sociedad, ante ese gran examen que fue la elección.

No es la frialdad de los números lo que debemos destacar, sino la forma anacrónica en que el electorado reaccionó ante tal evento. 12 millones 473 mil 106 votos, obtenidos por Josefina Vázquez Mota, cifra nada despreciable para la candidata de un Partido Político que sumió al país en la debacle social que hoy enfrentamos. 1 millón 129,188 votos, que logro cosechar Quadri de la Torre, y que le permitirán solventar a un Instituto Político de escasa solvencia democrática. 18.7 millones de sufragios, a favor de Enrique Peña Nieto, los cuales permanecen aún bajo sospecha de ilegalidad. Finalmente, 15.5 millones obtenidos por Andrés Manuel López Obrador, y quien busca anular la elección, en pos de una reconstrucción nacional que se antoja utópica.

El ejercicio de reflexión al que nos invitan los resultados, coloca a los electores en una posición francamente triste. Si tomamos de nueva cuenta a la elección, como un examen democrático, debemos decir que los candidatos fueron calificados sin utilizar el criterio, incluso la lógica elemental. Pero también la ciudadanía se autoevaluó, reprobando la hipotética asignatura de cultura democrática, y  memoria histórica.

Reprueba en cultura democrática, porque sigue viviendo en la errónea mentalidad, de que alternancia es la base de una democracia sembrada en el corporativismo, y en las prebendas de quienes encabezan esos grupos. La democracia como tal, no se entiende sin el encuentro permanente y claro entre sociedad y gobierno. Quiere decir, que el arribo de un partido en sustitución de otro, no ha significado de fondo, los cambios que el país reclama.

Reprueba también en memoria histórica, porque acepta el pernicioso cambalache de un autoritarismo transexenal, por una partidocracia millonaria, en detrimento de los recursos de los propios mexicanos. Los electores al votar, no hicieron el ejercicio de introspección que amerita esa memoria, olvidando acontecimientos tan tristes, como la Decena Trágica, el movimiento de 1968, o la elección de 1988, en donde la coalición de intereses nacionales y extranjeros, impidieron un cambio necesario.

¿A qué recurren los electores cuando ejercen el sufragio?, ¿en quién?, o ¿en qué estaban pensando? Los resultados de la elección, se antojan tan confusos y amorfos como la propia situación de nuestro país. Josefina, representando a un partido sin rumbo, desmantelado en sus principios e ideología por los propios militantes. Peña Nieto, representando a una casta de políticos, que acostumbran decidir sin escuchar. Gabriel Quadri, enalteciendo valores cimentados en la falsedad y las componendas, y un López Obrador con riesgo de convertirse al maniqueísmo, religión favorita de quienes profesan la anarquía.

Y que decir del movimiento #YoSoy132, integrado por cientos de estudiantes alrededor del país, y cuyas demandas se entienden justas. Si el mensaje entre López Obrador y dicho movimiento, de entrada parecía coincidir, hoy navega en el mar de la confusión.

Quienes hoy dicen que la izquierda llegará fortalecida al congreso, olvidan el funcionamiento de los llamados “bloques”, cuyo principal objetivo es el mayoriteo. Dichos “bloques” o alianzas, se comportan a la sazón cual murallas inquebrantables, pero también como cortinas de humo, impidiendo que el ciudadano común, forme parte de las iniciativas y procesos legislativos.

Aquellos que señalan que los millones de votos obtenidos por López Obrador, son representativos de una sociedad hambrienta de cambio, olvidan los votos de Quadri, también los de Josefina, e incluso los de Peña, ¿Cómo interpretar ese comportamiento?.

 El resultado del examen de consciencia es aterrador, pero alecciona de igual modo. El voto se ejercito desde la ignorancia, el miedo, y el hambre, es decir, un voto cruel y famélico. Así como se enarbolan las perversas alianzas en el congreso, así también habrá que relacionar lo ocurrido en las urnas. Si unimos los votos del PANAL, PAN y PRI, y los enfrentamos a los del Movimiento Progresista, la victoria de la negativa al cambio es arrolladora.

Al parecer, son muchos más los mexicanos que desean permanecer en su mismo sitio, si nos dejamos ir por las cifras. Pero lo más grave del asunto, es que un amplio sector de la población, sigue creyendo en los efectos milagro, de candidatos surgidos de la imaginación surrealista de algún loco, como es el caso de Gabriel Quadri.

Tal parece que aquellos que se apostan en las calles, con pancartas y consignas mas o menos reflexivas e inteligentes, sufren el mismo mal de los votantes. Integran la misma base social, y sufren el mismo karma, pertenecer a una minoría que aunque inmensa en su conjunto, no alcanza para enfrentar la flojera mental del resto.

Por eso le llamaremos inmensa minoría, concentra el dolor y la pesadumbre enquistada en siglos de autoritarismo, es como un enorme motor que se equipara en tamaño con la monstruosidad del dinosaurio al que enfrenta, y que jamás arrancará sin la energía de los demás.


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