Las oscuras señales de Felipe

Aldo Fulcanelli

Aldo Fulcanelli

La inesperada muerte de Juan Camilo Mouriño, abortó la posibilidad de que el PAN, al menos en intención, pudiera dar una batalla ‘’decente’’, por retener el poder en Los Pinos. Sin duda, el joven político, tenía ingredientes que lo hacían un producto político, con claras miras hacia el 2012.

Bien parecido, joven, y con un poder y una influencia innegable, sobre el Presidente Felipe Calderón. La muerte repentina del joven delfín, cambio por mucho, la posición de un ajedrez nebuloso y fatídico, que representa el escenario político.

Es imposible dejar de percibir, el modo en que el Presidente saliente, tiende sus redes de influencia, sobre el presidente electo, en una serie de rituales de poder, iniciados por el PRI, y en plena continuidad en los albores del siglo XXI.

La eficacia de las señales y movimientos que realizan los poderosos políticos mexicanos, queda ratificada cada seis años. Antes, cuando el PRI gobernaba desde Los Pinos, era importante que el Presidente, ungiera a su candidato, dicha unción, tenía lugar frente a los grupos mas importantes, llámese centrales obreras y campesinas, y el sector popular en pleno.

 A partir de Zedillo, esas señales cambiaron, ante la llegada de la llamada alternancia. Zedillo mismo, provenía de esos rancios pactos, favorito de Córdoba Montoya, y aceptado por Salinas, como relevo emergente de Colosio, cortó de tajo la línea de la lealtad sucesoria, cuando ordenó la detención de Raúl Salinas de Gortari, en un sospechoso operativo policial y mediático.

Al arribo de Fox al poder, pareciera que las formas de la vieja unción desaparecieron, pero no fue así.  Vivimos a la sombra de un poderoso sistema que en su afán por gobernar, ha sobrepasado los partidos políticos, y dejado de lado las antiguas usanzas. Es un sistema corporativo de una eficacia organizacional tremenda, con tentáculos y recursos prácticamente ilimitados. Si en el presidencialismo, se aseguraba la triunfal salida del antecesor, por medio de lealtades y amagos, hoy, el titular del ejecutivo, deja esa decisión en manos de los jerarcas de esas corporaciones, quienes integran un mega consejo, un sanedrín inusitado, con una metodología de poder muy interesante, gobernar a las cabezas de los grupos, sin que importan los de en medio, mucho menos los de abajo, por mucha inteligencia, o talento político que estos tengan.

Gobernar a partir de una red ejecutiva, evita el riesgo de tener que explicar las acciones, después de todo, la democracia, al menos en México, se ejerce con pretensión, ante las masas, ante quienes se repite de manera estruendosa una y otra vez, que votar por un candidato, es ejercer el civismo, y que la oferta gris de los partidos políticos, lleva aparejada la alternancia, amén de los aburridísimos sermones sobre respeto a las instituciones, que cada fin de sexenio nos recetan los medios de comunicación.

No hay engaño más vil, ni insulto a la inteligencia más severo. La existencia de los partidos políticos no trae aparejada la alternancia, pues como esta visto, año con año, sexenio tras sexenio, los partidos, sin tener mayoría en los Congresos, se alían y coaligan entre ellos, evitando muchas veces, las reformas a las leyes que no convienen a sus intereses.

El ejercicio del poder en México es casi un monólogo tan siniestro como aberrante. En tal ejercicio teatral, los ciudadanos son invitados de paso, ajenos aún a sus propias problemáticas, son llamados cada periodo electoral y olvidados el resto, atacados con los recortes presupuestales, y el alza insostenible de los precios.

Volviendo al tema de la sucesión, es evidente el juego de señales confusas de Felipe Calderón. Primero, manifiesta simpatía hacia Cordero, a quien impulsa en las internas del PAN. Cordero, que sin ser una lumbrera, ni gozar de un aura política determinante, conquisto con su estilo ciertas simpatías alrededor del país, no sobrevive ante el arribo de Josefina Vázquez Mota,  a quien por cierto, Calderón manda para trabajar a Roberto Gil Zuarth, un joven incondicional, manifestando otra señal extraña en el juego de la política.

¿Si el favorito era Cordero, que hace entonces Gil Zuarth al lado de Josefina? Ese movimiento fue interpretado por muchos, como un claro espaldarazo de Calderón hacia la Vázquez Mota. Abandonada a la postre por el Presidente, quien nunca dejó de influir a su manera en el acontecer, testigo mudo de una desbandada de panistas inconformes alrededor del país, y despreciada por el tristemente célebre Vicente Fox, Josefina Vázquez Mota, sufrió el escarnio de un país, que no supo entender sus proyectos, pero ante el cual permeo el abandono sistemático del cual fue objeto por los jerarcas de su partido, y por el propio Presidente.

Esto es política, el campo de acción mas ambicionado, pero también el mas sucio que existe. El animal político, se torna primitivo, rebasa sus expectativas, reclama su territorio, usando los mismos métodos de siempre, chantaje, intimidación, o abuso de poder. Que no se diga que el Presidente ya no influye en la sucesión, lo hace, pero sus métodos, simplemente no dieron resultado esta vez.

Recordemos la eficacia de Zedillo, quien por anticipado, dio por ganador  a Fox. Claro, era otro el escenario, millones los votos a favor, enorme el deseo de cambio que el sistema capitalizó especialmente a partir de la muerte de Colosio. Fue como une hemorragia detenida con un trapo sucio. Provoco un hematoma social, al llegar Fox, ese hematoma creció y Zedillo, experto en soluciones emergentes, se supo colocar en el momento adecuado, como el gran redentor demócrata del país.

El candidato de Zedillo nunca fue Labastida, es más, la decisión de reconocer a Fox, seguramente no fue su iniciativa, sino mas bien una orden proveniente, de ese gran sanedrín que mueve los hilos, las eminencias grises y el poder tras el trono. Hay que reconocer le jugada maestra de Zedillo, quien aprendió mucho de sus maestros, hombres formados tal como el, en las grandes Universidades de los Estados Unidos, educados para gobernar de acuerdo a un modelo, y un interés de grupo.

Ante el liderazgo indiscutible de aquel Fox, los candidatos opositores no tuvieron más remedio que reconocer la derrota. Es evidente que Calderón, se basó en aquellas estrategias para intentar crear la suya, el resultado, un horripilante ejercicio de autoritarismo, un mensaje escueto y tieso a la nación, una nación incrédula de sus palabras, harta de su maniqueísmo, un desatino controlado desde las venas del poder.

La estrategia ‘’fast track’’ de dar por ganador a Peña Nieto, no le funcionó a Calderón, quien solo consiguió desatar la furia de la comunidad, teniendo que reconocer la necesidad de limpiar un proceso, cuando ya la comunidad ha sido agraviada por su ineptitud. Viendo a Zedillo como un héroe, Calderón intento salir por la gran puerta de la democracia, pero no la democracia de la que hablaron los griegos, no. La democracia de ‘’ellos’’, democracia de libros y de amor enfermizo por las instituciones, democracia cuadrada, democracia para masas pues, con olor a civismo y lábaro patrio.


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