Los contribuyentes

Aldo Fulcanelli

Aldo Fulcanelli

Sin duda, el mes de julio de 2012, ha estado plagado de noticias relacionadas con escándalos financieros, y crisis política internacional, sucesos marcados en gran medida, por los recientes hechos de sangre en Siria, amén del atentado reciente en Bulgaria; en donde habrían muerto seis personas de nacionalidad judía.

Mientras en Colombia, los indígenas del departamento del Cauca reclaman derechos territoriales, la salida inmediata de las FARC, y del propio ejército, Obama, al calor de la campaña presidencial, besa a su esposa en un partido de baloncesto, declara animoso, que ‘’lo que ha hecho el señor Chávez, no representa un peligro para los Estados Unidos de Norteamérica’’. De inmediato, las lecturas muy diversas, desatan una ola de comentarios adversos al presidente, tachándolo de imprudente, o incluso, enemigo de la armonía y la paz, del todavía país más poderoso del orbe.

Por su parte, Chávez, quien se dice libre ya del cáncer que le aquejaba, no deja de alardear en su más puro estilo, pseudo guerrillero, amén de patriotista, y cristiano por añadidura. Representa Hugo Chávez, la más extraña mezcla entre político militar, y raro predicador de tintes fascistoides.

En México, la situación es grave. El anuncio de la aprobación de la reforma política, podría blindar el arribo al poder de Peña Nieto, pues como sabemos, esta le permite tomar posesión incluso, en sedes alternas. Por otro lado, Leonardo Valdés, desacredita las pruebas presentadas, por el Partido de la Revolución Democrática las cuales, hay que decirlo, son aportadas incluso, por grandes segmentos de la propia sociedad civil. Entretanto, Calderón recula nuevamente, y recibe a Peña Nieto en Los Pinos, en una más de sus extrañas y oscuras señales.

La relación con el año del 88, por las múltiples coincidencias, es evidente. Imaginamos a Peña, tomando protesta por encima de la intención de millones de mexicanos que no votaron por él, y otro tanto que desconfía tajantemente, de las formas empleadas en su búsqueda por conquistar la primera magistratura.

Es evidente también, que los mercados financieros ya no responden de la misma manera. No es aquel escenario ordenado, en donde bastaba la declaración por el respeto a las instituciones, para poner en cintura al país. No se trata de Salinas, anunciando el apego al pacto social, horas después de la muerte de Colosio. No es Díaz Ordaz, borracho de soberbia, asumiendo el costo histórico por el conflicto del 68.

Nadie creyó en el anuncio de Calderón, invistiendo simbólicamente a Peña, nadie vio con buenos ojos, el aval oportunista de Josefina, y su alineamiento por el ‘’respeto a las instituciones’’. Lo que pasaría por sacrificio, hoy huele a camorra, los estudiantes, y la sociedad civil, exigen esclarecimiento oportuno a sus demandas.

Ya vimos que la alternancia, es algo más que sucesión del poder entre los partidos políticos, convertidos, a la suerte, en corporaciones intocables, hambrientas de un poder desmedido. Ya vimos también, que la llamada transición, no garantizó el encuentro de un mejor rumbo para nuestro país.

Vivimos en una democracia corporativa, la cual, descansa también sobre un poder legislativo paralítico e ineficaz. El estado, llámese autoridad, ha determinado que los ciudadanos sean creaturas sin opinión, o en todo caso, ha sido el promotor de un círculo fatal, sobre el cual descansan sus males, pero también, su principal presupuesto; la ignorancia.

Hoy, vemos que la tendencia de muchos de los países más poderosos es similar. Recortes presupuestales a los rubros de educación y cultura, el alza a los precios de bienes y servicios, la aprobación de leyes que lesionan gravemente la libertad de expresión de los ciudadanos, rescate bancario, con cargo al empobrecido bolsillo de los propios contribuyentes.

Contribuyente, es la mejor manera de nombrar a un ciudadano que solamente es requerido para efectuar pagos, muchos de los cuales incluso, realiza en contra de su propia voluntad. Contribuyente si, aporta el dinero, y su propia inconformidad. Contribuye con el sistema, al pensar que democracia es votar, soñando que alguna vez las cosas cambiaran, si le otorga su voto al partido opositor.

Ya vimos que en la gran mayoría de los casos, los gobernantes se comportan de un modo condescendiente con el electorado, pero al arribar al poder, establecen una agenda perniciosa, en prejuicio de los recursos naturales y financieros de la comunidad que los llevo al poder. Ha sucedido con el rescate bancario en España, sucedió en México con el FOBAPROA, en Chile, con los derechos por agua, y en Brasil con el tema de las minas, solo por citar algunos ejemplos.

La feroz agenda de geopolítica y control territorial de ese sistema, ha llevado a los ciudadanos a organizarse en grupos, utilizando su derecho a manifestarse, sin lograr que los gobiernos cambien de parecer. Es una macro corporación, que subestima los sentimientos, ideologías, y acciones de la sociedad civil organizada, un gran búnker cuya metodología es el control de las masas a través de los que leen, de lo que ven, incluso, de lo que comen, o escuchan en los medios.

México, es uno de los mejores ejemplos de la existencia de los contribuyentes. Por un lado, los medios de comunicación oficialistas ofreciendo bodrios en sus horarios estelares, por otro, el estado con sus oscuras políticas en materia de desarrollo social, que supone la existencia de programas sociales, que no atacan la ignorancia, ni atienden de manera oportuna el tema de la educación. Los remedios de ese gran sistema, representan la atención de una grave enfermedad, con medidas absurdas. Cero políticas de prevención, toda la carne al asador a remediar los males cuando ya están enquistados. Esperar a que la caries se convierta en infección, para arrancar la muela, pudiendo, en su momento, salvar la pieza.

El paternalismo, sigue siendo lamentablemente, en el caso de México, el utensilio eficaz que permite promover la ignorancia, multiplicándola por cientos, para después, utilizar a esas victimas silenciosas, como activos votantes en época electoral. Es una inversión redonda, tanto como oscura y perversa.

Contribuyentes, eso somos, ponemos los oídos, el dinero, y en su caso, el voto. Contribuimos con no cambiar, con no organizarnos, con no exigir. Es el mal de siglos de nuestra pintoresca nación, esos atavismos lejanos y presentes, la vieja imagen de la cubeta llena de cangrejos, pisoteándose unos a otros. Los de arriba, y los de hasta abajo, conviviendo en una democracia tan imperfecta como falaz.


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