Pablo Picasso, artista del cero al cien

Pablo Ruíz Picasso

Pablo Ruíz Picasso

Un 25 de octubre de 1881, nace en Málaga (España), Pablo Ruíz Picasso, probablemente; el artista más influyente y emblemático del Siglo XX.

Influido por su padre, Picasso se inicia a temprana hora en el dibujo y el gusto por las artes, manifestando de inicio, un gusto por los personajes populares.

Con el paso del tiempo, eliminaría el apellido Ruiz, en la firma de sus trabajos, no por renegar de la figura paterna, sino porque Picasso, es menos común; más original.

Luego de su paso por la academia, y llegado el Siglo XX, Pablo marca sus estancias entre París y Barcelona. Es la llegada del llamado Periodo Azul, determinado por la predominación de ese color en sus obras. Se dice, que profundamente herido por la muerte de su amigo, el artista Carlos Casagemas, Picasso realiza la obra El entierro de Casagemas. La obra, muestra a figuras fantasmales, en actitud doliente, el cuadro, dividido en dos partes, permite apreciar la clara distinción entre el cuerpo y el alma, así como pasajes de contexto onírico, donde abundan el erotismo y la nostalgia.

Es el tiempo de las influencias, la recolección de imágenes y vivencias, que alimentarían el abrevadero espiritual del artista. Entregado a la pasión de compartir largas horas con amigos, con los que discute sobre la vida y la muerte, tema nada ajeno en la Europa de aquel tiempo, azotada por la hambruna y la peste.

El paso por los burdeles, las pequeñas galerías, la asimilación de la crueldad de la guerra, afinan el pincel del novel pintor, el cual quedaría para siempre, prendado de un poder y un erotismo sin precedentes.

Desde siempre, Pablo Picasso se siente fuertemente atraído por la belleza de las mujeres, en ellas, Pablo encuentra a las musas, amantes, y más tarde incluso, al ser bello pero dominante, representando el papel de mantis devoradora.

 El año de 1904, determina la entrada del Periodo Rosa, enriquecido por los colores pastel, las líneas suaves. En ese tiempo, Picasso pinta saltimbanquis y acróbatas de circo, cómicos de la legua que llega a conocer en sus andanzas por los barrios de París y Barcelona.

A ese periodo corresponde la obra Niño con pipa. Con un metro de alto, muestra a un joven parisino de la época, cuyo rostro muestra un melancólico semblante. Vestido de azul, el joven lleva en su mano izquierda una pipa, su cabeza, se encuentra coronada por flores, las cuales aparecen también en mayores tamaños y colorido detrás de él. Se nota la influencia del Greco en esta obra, proclive a las figuras alargadas y estilizadas. Contrastan sus hombros caídos, los brazos largos, con la fortaleza de sus piernas. Se dice, que la obra, fue inspirada por un joven apodado petit Louis, artista ambulante que paseaba por los barrios parisinos de aquel tiempo.

La marginalidad y el desamparo de los seres de la calle, fascina a Picasso, quien influido por un viaje a Gósol (municipio de España), entra en contacto con el arte primitivo. Pablo es atrapado por la pasión que generan los toros y los caballos.

Imbuido por  el desapego y la hermandad que le contagian las viejas ciudades en las que vive, Picasso entra en contacto con personajes que más adelante, transformarían el arte del Siglo XX. Picasso es ante todo, un hombre de afectos, que entre charla y charla, gusta de dibujar, o caricaturizar a sus amigos, es el caso del poeta Guillaume Apollinaire, Jaime Sabartés; o Max Jacob.

El dolor de una Europa sumergida en la guerra, pone a Picasso en manos de una gran comunidad de artistas, de los cuales aprende, comparte y da fe en su obra. La generosidad, la pobreza, y el instinto de supervivencia, son el caldo de cultivo de la narrativa plástica de Pablo Picasso.

Hombre de alianzas y encuentros, Picasso entabla amistad con Braque y Matisse, pero también con los artistas de la cervecería Els quatre gats, y aquellos que frecuentaban el edificio Bateau-Lavoir.

En 1908 nace el cubismo, que rompe con los manejos tradicionales de la perspectiva y el espacio. Pablo, en la búsqueda constante de un trazo personal e intimo, se sumerge en un nuevo tiempo donde la distorsión arremete duramente contra la descripción naturalista. Cabalgando en sus nuevos horizontes, Picasso abandona el consumo del opio.

En la nueva estadía del cubismo, Pablo comparte la tendencia con los pintores Braque y Juan Gris. Transita por el cubismo realista, el poético o el puntillista. Picasso retoma también el manierismo y el neoclasicismo.

Luego de conocer al intelectual francés Jean Cocteau, e invitado por el mismo, Picasso forma parte del ballet de vanguardia Parade, en donde se hace cargo de los decorados y el vestuario. Dirigido por Serguei Diaguilev, y con música de Eric Satie, el estreno causaría conmoción y escándalo.

Luego, vendrían los ballets El sombrero de tres picos, pulcinella, Cuadro  flamenco, y mercurio, con igual participación de Picasso, y que servirían para solventar su creciente fama.

El joven artista, disfruta de las grandes recepciones, los viajes, las mujeres-modelo, que convierte en consortes, amén de sus múltiples infidelidades. La fama lo arropa, los marchantes y corredores de arte se pelean por manejar su obra. En su éxito, mucho tendría que ver la escritora Gertrude Stein, por cuya casa parisina transitaron los más grandes artistas de la vanguardia.

Por si fuera poco, Picasso ve nacer el surrealismo en 1916, cuyo principal promotor es André Bretón. Conoce a Louis Aragón, Tristan Tzara, Paul Éluard, y Max Ernst, quienes reclaman en Picasso, a un hijo adoptivo del surrealismo, aún cuando el mismo; rehuía de cualquier etiqueta o relación a tendencias artísticas determinadas.

A pesar de negar la introducción a este movimiento, la obra de Picasso se identifica con el Surrealismo de 1925, a 1938. A esta época pertenece La danza, obra de frenético movimiento, con cierta dosis de violencia y sensualidad.

La vanguardia de Pablo Picasso, se vive desde el comienzo de su trayectoria en la niñez temprana. Significa el paso por los caminos de la estética, el respeto a los cánones de la perspectiva y la utilización del espacio en el naturalismo. El equilibrio del color y la fuerza en sus etapas azul y rosa, la ruptura absoluta y el encuentro de un estilo en el cubismo. El poder se sus minotauros,  seres que sintetizan el amor del artista por los toros, y que avanzan amenazantes con sus cabezas distorsionadas. Son seres de una mitología tan atrayente como cálida. La profundidad de la etapa surrealista, la grandilocuencia de su expresionismo.

Picasso no representa un estilo, ni pretende que se le recuerde por eso. Picasso es mucho más. Picasso es una mano y un pincel, que a modo de fusil derriba muros y quebranta espacios. El color apasionado, la afinidad por sus mujeres, todas ellas. Irene Lagut, Fernande Olivier, Eva Gouel, Elvire Palladinin, Emilienne Pâquette, Silvette Davil, y sobretodo Olga Koklova.

Cuando se cumplen 131 años de su natalicio, imaginamos a ese hombre de providencial calvicie, y mirada profunda, pintando algún cuadro sin camisa en un estudio de París. Disfrutando de la fiesta brava, de la bondad de la vida.

 Un capullo que a 39 años de ausencia física, sigue germinando en el imaginario colectivo, de quienes vemos en su obra, un retablo esplendoroso; de aquel Siglo XX que se fue.

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