Poder y propaganda, el testamento nazi

Aldo Fulcanelli

Aldo Fulcanelli

En el año de 1933, Adolf Hitler, era nombrado Canciller, por el Mariscal Von Hindenburg, quien a pesar de haber ganado las elecciones, fue presionado por la clase empresarial de Alemania, y por la creciente popularidad del movimiento nacionalsocialista, para impulsar la trayectoria política de Hitler.

Importantes familias, como Thyssen, Krupp, o Siemens, entre otras, vieron en el joven revolucionario, la posibilidad de hacer de Alemania, un imperio donde la geopolítica y la lucha armamentista, jugarían un papel esencial. Si bien es cierto, las tesis pangermanistas, y los fogosos discursos de Hitler, causaban resquemor entre ciertos grupos, los germanos, requerían un hombre con ese afán, con ese poder de convocatoria, que buscara a toda costa, el renacimiento de su nación.

Era necesario, utilizar el carisma reivindicador de Hitler, considerado con antelación, un hombre peligroso, defenestrado, y recluido en prisión, por rebelde. En adelante, Adolf Hitler encabezaría el resurgimiento de una nación, con el aplauso de muchos sectores de su país, y sobretodo, de empresas nacionales y transnacionales que financiaron su movimiento, para luego, ser beneficiadas en la provisión de armas, y otros elementos, durante la Segunda Guerra Mundial.

Es de suma importancia conocer, que Fritz Thyssen, uno de los cerebros financieros de la Alemania nazi, creó, en asociación con empresarios estadounidenses, la UBC (Unión Banking Corporation), desde la cual, tuvo lugar la triangulación de recursos, que posibilitarían el financiamiento del Tercer Reich, y la guerra de poder y territorios, encabezada por Hitler. No esta de más señalar, la importancia que revistió para el Tercer Reich, el flujo de ese dinero, y el surgimiento de tales entidades bancarias o empresariales, cuyos bienes, serían posteriormente incautados, u objeto de sanciones, por su abierto colaboracionismo hacia la Alemania nazi.

Las teorías pangermanistas, y raciales de Adolf Hitler, que hay que decirlo, son anteriores incluso al nacimiento del Nacionalsocialismo, permearon en los grandes círculos financieros, no solamente de su país, sino también de los Estados Unidos, y de Gran Bretaña, encontrando muchas simpatías. Esas ‘’muestras de afecto’’ luego se traducirían en apoyos económicos, utilizando todo un entramado, que envidiaría cualquier ‘’maestro del lavado de dinero’’.

Fueron muchos los aliados que desde afuera, se sumaron a esa lucha teórica y política de Hitler, y solo por citar algunos nombres, están Henry Ford, condecorado por el gobierno alemán de entonces, y autor de una obra emblemática, ‘’El Judío Internacional’’, además del propio Joseph Kennedy, entonces embajador de Los Estados Unidos en Inglaterra, y quien no negaba, la sujeción de algunos de sus puntos de vista, a las teorías, e ideas Hitlerianas.

Adolf Hitler, se manifestó entonces, como uno de los productos más elaborados del interés económico, y sus representantes. Es decir, un instrumento del mercado, con una esencia y un poder innegable sobre las masas, presentado a la sazón, con todo y envoltura, listo para llamar al mundo a luchar contra la amenaza del bolchevismo, con la intención mas que oscura, de convertir a los campos de concentración en grandes fábricas. Entonces, la mirada perversa de sus promotores, se centraba ya, en los grandes recursos atesorados por las familias judías de Europa, y la fuerza de trabajo de los presos, quienes significaban ante todo, mano de obra gratuita. Así, con esa agenda de prioridades, Adolf Hitler lanzaría su grito de batalla, una guerra por la supremacía del mundo.

Propaganda y religión

Hitler, quien se reconocía a si mismo como católico, respetuoso de los valores del protestantismo, veía en las creencias religiosas de los alemanes, la oportunidad de usarlas, a la par de los símbolos paganos del nazismo, es decir, creencia en Dios como ser supremo, respeto irrestricto por el cristianismo, unificando de manera soberbia, unos y otros, en pos del nacimiento de una nueva Alemania. Los nazis, supieron como nadie, enaltecer los valores de aquella vieja nación perdida, en una continua sucesión de rituales y actos públicos, en donde se apreciaba la grandilocuencia de los oradores, pero también, de los símbolos que ahí aparecían. La Esvástica, el símbolo mayor del Nacionalsocialismo,  aparecía en estandartes gigantescos, al lado de águilas y calaveras, toda aquella parafernalia obsesiva, recordaba la fascinación de los emperadores romanos por los grandes escenarios, los signos multitudinarios, y las insignias, que ratificaban su poder, el control absoluto sobre su pueblo.

Hitler, ‘’el caudillo germánico’’, se presentaba a si mismo, como el salvador de su pueblo, guiado por la providencia, casi como un sonámbulo, para glorificar a la portentosa nación alemana. Como nunca antes, se recurrió al uso de los medios, el cine, el cartel, a los propios hechos de la muerte de soldados, a quienes se presentaba como ídolos caídos, había que venerarlos, por el acto heroico de ofrendar la vida por su país. Todo era exageradamente gigantesco, sin embargo, el esfuerzo lo valía, si anteriormente Alemania se asumía como un pueblo empobrecido y sobajado, el ego multitudinario, estimulado por el culto a la personalidad de los protagonistas, permitió recurrir, peligrosamente, a la histeria colectiva de un país hambriento de reivindicación.

Interés sobre interés

Fueron muchas, las empresas que se beneficiaron con el poder de Hitler, es más, hay que decirlo, la gran movilización internacional, que provocó el surgimiento del nazismo, permitió a los grandes beneficiarios desarrollar materiales y productos, que en la propia guerra se aprovechaban, como el caso de la tristemente célebre IG Farben, de la cual derivaría también Bayer, y cuya manufactura del gas Zyklon B, fue utilizada para el exterminio en las cámaras de gas (aunque hay quienes niegan esta situación).

Espacio aparte, merece la empresa IBM, cuyas tarjetas de identidad, permitieron el control de nombres, y datos personales de cientos de presos en los campos de concentración, del mismo modo, la naciente informática, permitió a los nazis, crear un enorme inventario de dinero y propiedades, que les fueron confiscados las familias judías, y cuyo paradero aún levanta ámpula entre los investigadores de tan apasionante tema. ¿Qué paso con las joyas, oro, y demás recursos arrebatados a tanta gente?, ¿Quién se benefició, o se ha venido beneficiando, del poder económico que se atesoro durante el régimen nazi?

Fue hasta el año de 1997, cuando el Centro Simón Wiesenthal, dio a conocer, los nombres de los beneficiarios de 1500 cuentas bancarias en el Swiss Bank Corp, y bloqueadas por el gobierno norteamericano, a partir de 1941. Como dato curioso, hay que señalar, que dos años después, de que fluyó dicha información, es decir, en 1999, el gobierno alemán, anuncia la implementación de un fondo, que serviría para indemnizar a los trabajadores forzados, durante el régimen nazi. Allianz, Bayer, BMW, Wolkswagen, y Siemens, son algunas de las empresas que participan en el fondo económico, y con cantidades, que han sido criticadas por los sobrevivientes en los campos de concentración.

El orden mundial, ¿nuevo?

Ya vimos que el surgimiento del Nacionalsocialismo, y su participación en la Segunda Guerra Mundial, permitió enriquecer a empresas, banqueros y especuladores, cuyos emporios fueron aparentemente desmembrados, o sus riquezas incautadas, sin embargo, muchas de esas empresas, se volvieron a reconstruir, y cabe decirlo, son las que aún siguen teniendo el control de los consumidores del todo el mundo.

El ‘’nuevo orden’’, del cual ya se hablaba en los albores del gobierno de Hitler, significó, y es preciso insistir, la búsqueda de la supremacía armamentista, financiada, y promovida, bajo estrategias de triangulación de bienes y lavado de dinero, confiscación de riqueza, y mano de obra forzada. También, era de vital importancia el florecimiento de la ciencia, la cual, fue fortalecida con experimentos inhumanos en los campos de concentración, donde se trabajaba en la genética, y la resistencia del cuerpo en situaciones límite.

Muchos, quienes encabezaban esos experimentos, escaparon de Alemania sin ser encontrados jamás, o bien, juzgados en Núremberg ‘’por ausencia’’. Cientos de científicos nazis, fueron beneficiados con la ‘’Operación Paperclip’’, a través de la cual, se les otorgo a esos cerebros de la ciencia, visas e inmunidad, a cambio de que revelaran sus secretos al gobierno de los Estados Unidos, Los apartados: aeronáutica, física, química y estudios sobre energía nuclear, entre muchos otros.

Esa fuga inducida de cerebros, permitió que Estados Unidos construyera un imperio, bajo la inspiración de Adolf Hitler, utilizando sus mismas tácticas de control de masas, manipulación, y poder científico. El viejo término del ‘’nuevo orden mundial’’,  significa destruir y volver a construir, tal forma de operar, es y seguirá siendo, la misma de los viejos y nuevos jerarcas del poder. La histeria colectiva como un método eficaz, bajo el cual se sumerge a la colectividad, permitiendo con esto invadir otros territorios con afanes geopolíticos. Ayer y hoy, los participantes en esta gran francachela del poder, cambian de identidad y de nación. Hoy, como ayer, se privilegia el poder económico por encima de cualquier otra facultad humana, ayer, como hoy, no importan los nombres de quienes sirvieron a esas oscuras causas, sino la prevalencia, de un sistema transnacional, que controla consciencias, riqueza, y la dirección política del mundo.

Es de suma importancia entender, que quienes se asumieron como los héroes de aquella guerra, al final optaron por quedarse con el capital humano, científico, y tecnológico, de aquel imperio de excesos, que fue el Tercer Reich. Muchos holocaustos en nombre de la paz, manipulación sistemática de los medios, al amparo de oscuros intereses, terrorismo psicológico, y fomento de la violencia como un eficiente método de destrucción. Las grandes corporaciones, siguen controlando al mundo, y en su agenda de intereses, no aparece el ser humano, ni la paz, y mucho menos, el medio ambiente.


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