Sopa de izquierdas

Aldo Fulcanelli

Aldo Fulcanelli

Hoy que la democracia en nuestro país sufre un duro revés, se extraña a personajes de la vida intelectual mexicana, tales como Carlos Monsiváis, o el propio Carlos Fuentes. Escritores y periodistas, cuyas posiciones nos acercaron a la izquierda. Hay que decirlo, no una izquierda institucional y paralítica, sino una izquierda posicionada en el campo de las ideas, y la difusión de la cultura.

Qué falta hacen hombres de la talla moral y política de un Heberto Castillo, o un Gilberto Rincón Gallardo, quienes elevaron su ideología política, de la clandestinidad a la academia.

La llegada al poder de Carlos Salinas de Gortari, permitió el desmantelamiento sistemático del llamado Estado Nacional, con los ingredientes hasta el momento indivisibles, a saber, la gratuidad de la educación, el estado laico, y el protectorado hacia el patrimonio nacional, todos ellos, en la mira de un poder envolvente e insaciable.

Conocemos los resultados de aquel cruento sexenio. Persecución desde el gobierno, a federaciones estudiantiles, cuyo olor a socialismo resultaba amenazante, para el modelo próximo a imponer. Muerte y desaparición de líderes sociales, vinculados, sobretodo, a un imberbe Partido de la Revolución Democrática. Como si se tratara de un agujero negro, el poder salinista absorbió la voluntad de personajes otrora antagónicos, facilitando el debilitamiento progresivo de la izquierda. Hay que decirlo, ese debilitamiento, fue provocado también, por las personas que desde adentro, transaron con el poder hábilmente.

Desde la comodidad de sus famosas concertacesiones, Salinas acuñó aquella frase de triste fama, “ni los veo, ni los oigo”, que esgrimió como paladín de la política, sobre las caras de sus opositores.

A veinticuatro años de distancia, quienes parecen no ver ni oír, son los propios Partidos Políticos, los cuales han dejado de ser verdaderos institutos, para convertirse en agencias de colocaciones, con recursos millonarios, y sucesión familiar incluida.

El artículo 41 constitucional, en su fracción primera señala lo siguiente, “Los partidos políticos tienen como fin promover la participación del pueblo en la vida democrática, contribuir a la integración de la representación nacional y como organizaciones de ciudadanos, hacer posible el acceso de éstos al ejercicio del poder público, de acuerdo con los programas, principios e ideas que postulan y mediante el sufragio universal, libre, secreto y directo. Sólo los ciudadanos podrán formar partidos políticos y afiliarse libre e individualmente a ellos; por tanto, quedan prohibidas la intervención de organizaciones gremiales o con objeto social diferente en la creación de partidos y cualquier forma de afiliación corporativa”.

No esta por demás decir, que lo que consagra la Carta Magna, no puede estar mas lejos de la realidad. Es por todos conocido, que los Partidos Políticos, no promueven de ningún modo la participación de la sociedad en la vida democrática. Lamentable, que lo que se pensó, serían vínculos entre la sociedad y gobierno para el fortalecimiento de la vida pública, hoy sean solamente entidades ensombrecidas por las prácticas clientelares y electoreras. En cuanto al acceso de los ciudadanos al poder público, lo sabemos, esta condicionado a los acuerdos, y arreglos de las grandes corporaciones, con los propios Partidos. Hoy esos “institutos políticos”, son una suerte de clubes cerrados, que han posibilitado el acceso del país a un modelo económico que día con día se fortalece en su propia caducidad.

Y ni hablar de la no intervención de agrupaciones o gremios, pues la propia política mexicana, desde el Maximato, se relaciona con el arribo de grupos y familias políticas, cuya sucesión en el poder, ha permitido que sigamos transitando en el mar de la ignorancia.

Por si esto fuera poco, hoy la izquierda mexicana vive uno de sus peores cismas, ante el embate por la lucha de la sucesión presidencial. Es tanto el vacío que los intereses personales o de grupo han provocado, que hoy se habla de “izquierdas”, y no de una izquierda unificada, y homogénea. Quienes defienden esta postura, señalan que “ellos si son demócratas, por eso se dan el lujo de permitir la diversidad de las ideas”, sin embargo, la sociedad recibe otro mensaje. Consejos Políticos donde suele no haber acuerdos, disputas desde el seno de los Comités Nacionales, que, en el caso del PRD, promovieron alianzas híbridas, en pos del poder electoral. ¿Cómo entender una alianza entre el PRD y el PAN, cuando ambas entidades políticas, se sitúan ideológicamente en polos totalmente opuestos?, ¿se trata de ganar montados en el mayoriteo?, ¿acaso el PRD, no adolece entonces de los mismos males que acusa en otros?

Cuando se habla de izquierdas se piensa en tres Partidos Políticos, El PT, conformado en 1990, y beneficiado por la alternancia que en aquel entonces, promovía Carlos Salinas de Gortari. Su principal ideólogo, Alberto Anaya, se encuentra relacionado en algún momento de su vida, con el propio Salinas, cuando fueron condiscípulos, e incluso, amigos. El papel que el PT llegó a jugar, es similar al del PPS, fundado por Vicente Lombardo Toledano, un hombre pragmático y aunque brillante, afín al poder presidencial. El PPS, durante años, fue considerado un “partido satélite”, utilizado por el sistema ya desde entonces, para hacer un llamado a la “alternancia democrática”.

Aunque el PT no guarda una posición tan proclive al Presidente de la República en turno, contribuyó en su momento, a debilitar a un PRD catalogado de enemigo, de acuerdo a los intereses del propio Salinas.

El Movimiento Ciudadano, anteriormente Convergencia, fundado por Dante Delgado, y que a lo largo del país mantiene algunos cotos de poder, con escaso peso ideológico.

Tal es el estado de la izquierda política en nuestro país, conformada por tres partidos, lo cuales, han convertido a la democracia, en un lúgubre tablero de ajedrez.

Una izquierda de simulación y cambio de hábitos, que inicialmente respalda a un candidato presidencial, abandonándolo en la práctica al final del día, en aras de un extraño institucionalismo. Ese llamado a “respetar a las instituciones”, es el guiño aceptado con el poder, de quienes representan a esa izquierda cruel y olvidadiza.

Mientras esas izquierdas, la de Anaya, la de Walton, la de Zambrano, sigan gobernando en sus curules, el arribo a México de una democracia intelectual y reflexiva, se antoja todavía lejana.

Entretanto, quienes creemos que los cambios también llegan a través de las ideas, dejamos de pensar en “las izquierdas”, y pensamos en la izquierda. La izquierda intelectual y concienzuda, la de Enrique Semo, Lorenzo Meyer, o incluso, mas radicalmente Naom Chomsky.


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