¿Y luego…?

“Nosotros cantaremos a las grandes masas agitadas por el trabajo, por el placer o por la revuelta: cantaremos a las marchas multicolores y polifónicas de las revoluciones en las capitales modernas, cantaremos al vibrante fervor nocturno de las minas y de las canteras, incendiados por violentas lunas eléctricas…” (Filippo Marinetti)

Finalmente tras poco más de año y medio de precampañas y tres meses de campañas presidenciables, el 1 de julio se realizó la jornada electoral. Se habla de una participación cercana al 70% del electorado, lo cual es ya, en sí, un triunfo ciudadano. Al día que se escribe esto, se tiene un virtual ganador al qué, el mismo presidente del país ya felicitó, no obstante el resultado “legal” venga unos días después. No es de mi gusto el virtual ganador, pero a decir verdad, ninguno de los tres candidatos, ni la candidata me convencía. Para cuando mi es-timado conciudadano esté leyendo esto, ya sabremos quien será el presidente a partir del 1 de diciembre próximo… faltan aún cinco largos meses del calderonato.

En lo personal, soy de ideología con tendencia a la izquierda, en términos políticos, conste, no obstante considero que el mejor sistema de gobierno sería, si pudieramos soportarla, la anarquía en su más pura definición. La naturaleza humana, por lo que he podido percibir en mi medio siglo, no la soporta, esa necesidad de poder es inefable e ineludible. Por tal, de aquí a diciembre vendrá una lucha de poderes, y no precisamente entre ejecutivo y legislativo, sino entre gobierno saliente, gobierno entrante y la conciencia ciudadana que despertó ante el movimiento #Soy132. Esto último me mantiene optimista.

Lo que viene a continuación, sin lugar a dudas –las mías, conste- será una guerra de papel, declaraciones, crear dudas, despertar inconicencias e inconcistencias a fin de minimizar la posición y fuerza real del equipo perdedor. No puedo hablar del papel de los medios televisivos. Todos sabemos exactamente cual es. La pregunta que haría, yo me la hago, pero no encuentro una respuesta pronta; ¿que vamos hacer los ciudadanos? Preocupa, siento, la reacción de todos aquellos que se sientan traicionados, engañados, manipulados, en el caso, mi es-timado lector elector, que no sea encauzada con la cabeza fría, pero con la pasión del mexicano; respetando al mismo ciudadano en primera instancia.

Posiblemente, siendo optimista, ejerzamos nuestra responsabilidad y civilidad y supervicemos, y exijamos el cumplimiento de promesas y desarrollo de propuestas hechas durante las campañas próximas pasadas, que en escencia son las mismas de cada seis años. No sólo al través de nuestros representantes en el congreso, sino directamente en la instancias del ejecutivo en cada área. Estar pendientes de las acciones y reformas que el legislativo presente, discuta y, en su momento acuerde. Recordemos que de toda acción de gobierno los primeros y últimos beneficiados y/o perjudicados, somos los mexicanos.

Los ánimos, sin duda serán alterados, principalmente de la juventud, esa juventud que protestó en contra del candidato qué, hasta el momento de escribir este debraye, lleva la delantera electoral. Esa juventud que representa un importante porcentaje del electorado. Esa juventud que ya se ha manifestado y ha hecho manifiesta su madurez civil. Una juventud que, al parecer, no se quedará sentada esperando que se cumplan las promesas, como se ha hecho anteriormente, cuando las juventudes estábamos acostumbrados a que todo lo resolvía, y nada quedaba resuelto, pap(r)i gobierno.

Vivimos una crisis económica, en una nación de gente noble, trabajadora, luchona, que ha vivido doce años de un gobierno conservadoramente “liberal”; seis años de una guerra contra el crimen organizado que ha dejado miles de muertos “colaterales” a la misma. Una crisis que no inició, obvia decirlo, hace doce años, sino que muchas décadas atrás. Vienen cinco meses duros para los que salen y los que entran, pues los resultados de la jornada electoral apenas empiezan a digerirse. Recordemos también que los resultados que concluyan en las elecciones de nuestro vecinito del norte influirán de forma contundente en la política nacional.

Así las cosas, la pregunta que titula el presente texto quedá al aire; por lo pronto y con la sensación de que la ciudadanía ha crecido, que el optimismo que el ímpetu, la insistencia y zagacidad de la juventud que hizo despertar a un México aletrgado en un sistema sociopolítico caduco tome las riendas de su futuro, me reitero como un simple y pobre loco peligroso irreverente, irrelevante, irremediable pero irresisitible y real prófugo de la injusticia que sufre la anarquía incomprendida.

“Solo esta libertad nos conceden los dioses: someternos a su dominio por voluntad nuestra. Más vale que así lo hagamos porque solo en la ilusión de la libertad, la libertad existe.” (Fernando Pessoa)


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