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El odio a Salinas

Carlos Salinas de GortariMéxico odia al apellido Salinas de Gortari y lo ha transformado en sinónimo de ladrón, asesino (incluyendo el fratricidio), protector de narcotraficantes, mentiroso y manipulador; también lo ha convertido en el símbolo del poder tras el trono. Para el colectivo mexicano, Salinas de Gortari es el perfecto “padrino” mafioso al que se odia, se admira y se teme. Salinas de Gortari es más poderoso que Joaquin “El Chapo” Guzmán, pero mucho menos apreciado y respetado porque su poder no lo ha obtenido por medio del valor, sino del engaño, no por medio de la lealtad de sus amigos y colaboradores, sino traicionándolos. Por muchos libros que escriba, seguirá siendo para la mayoría de los mexicanos el gran vende patrias, solo igualado por Santa Anna; el mayor ladrón del patrimonio nacional, el maldito que nos hundió en la mayor crisis financiera de la historia para llevarse el dinero fuera del país, el socio secreto de los mil millonarios a los que les regaló las empresas de la nación, el asesino intelectual de Luis Donaldo Colosio. ¿Admiradores? Los tiene, pero pocos en público. Salinas es demasiado costoso para la imagen de cualquiera.

Con tal “curriculum”, acusarlo de ser el poder tras el Presidente Peña Nieto, de imponer a “sus incondicionales” en el gabinete, de “hacer” su política económica es, de lejos, el discurso que más le va a redituar a Andrés Manuel López Obrador en su próxima campaña para hacer crecer a su MORENA. Buscar nombres en el actual gabinete ampliado y situarlos con los puestos que tuvieron en el sexenio de Salinas es un ejercicio que le significará discurso y aplausos, y aunque muchos de ellos estén enemistados con Salinas por sus traiciones, es muy difícil que salgan a refutarlo.

Sin embargo, es un argumento que, analizado, no aguanta la primera prueba. Es absurdo pensar que los “mafiosos” Salinas pudieron mantener unida su “banda criminal” a lo largo de largos dieciocho años de no ejercer el poder, seis de los cuales se los pasaron defendiéndose en tribunales (Raúl en la cárcel por la acusación de asesinato de su ex-cuñado, Carlos exiliado en Cuba e Irlanda, Adriana enfrentando las malversaciones económicas que hizo en UNICREVA-NAFINSA, Enrique manejando discretamente el dinero de su hermano Raúl, lo que le costó la vida, Sergio en el anonimato). Carlos Salinas de Gortari, inteligente y siniestro como es su fama, operó en condiciones muy desfavorables y cuando vino a reivindicarse a México con su libro-mamotreto, Televisa lo hundió con la conversación grabada de su hermanos Adriana y Raúl, cobrándose con creces la afrenta del robo-privatización de TV Azteca. Carlos quedó políticamente destruido para siempre con la prueba irrefutable de sus latrocinios, y lo distanció de los que fueron sus operadores y voceros, salvo quizás la maestra Elba Esther Gordillo, con la que siguió operando de forma muy limitada (contra el PRI de Manlio Fabio Beltrones, Chuayffet y Madrazo) en los sexenios panistas. Cada vez que Carlos Salinas levanta la cabeza, la conversación grabada de sus hermanos aparece de nuevo creciendo en visitas en YouTube. Es un clásico nacional inolvidable, como las ligas de Bejarano o los cincuenta mil pesos del “cañonazo” de Obregón. ¿Tiene Carlos Salinas de Gortari muchos amigos en el gobierno? Sí; ¿puede pedir favores? Sí; ¿Puede hacer recomendaciones? Sí; ¿Puede ordenar, poner y sacar funcionarios?, rotundo no. ¿Y a su sobrina, la Secretaria de Turismo, Claudia Ruiz-Massieu?

El caso de nuestra Secretaria de Turismo, Claudia Ruiz-Massieu Salinas-de Gortari es diferente. Ahora que está de moda el terrible caso del ex-gobernador Montiel contra su ex-esposa Maude Versini, secuestrando sus hijos debido a la aversión que le profesa, podemos recordar el caso, casi idéntico pero con distinto final, de las hermanas Claudia y Daniela Ruiz Salinas, durante el sexenio de Miguel de la Madrid. Su padre, José Francisco Ruiz Massieu (“La Paca”, coloquialmente en labios de Raúl), Gobernador del Estado de Guerrero, decidió “retenerlas por su bien en Guerrero” para evitarles la “vida licenciosa y el mal ejemplo” de su madre, Adriana Salinas de Gortari. Con la posible nominación de Carlos Salinas de Gortari como candidato a la presidencia, la familia Salinas no podía hacer olas, ni pleitear una custodia que la madre de ambas niñas tenía concedida judicialmente. Raúl Salinas de Gortari y José Francisco “La Paca” Ruiz Massieu se reunieron en los Viveros de Coyoacán a instancias del primero para llegar un acuerdo. La animadversión entre ellos, que ya era notoria desde que eran familia, llegó a la cima con la frase con la que José Francisco Ruiz Massieu terminó la conversación: “Nos hablamos después de la nominación del candidato”, dijo socarronamente (él le apostaba a Alfredo del Mazo). El 4 de octubre de 1987 en la mañana, después de que Jorge de la Vega Domínguez destapara al Licenciado Carlos Salinas de Gortari como candidato del PRI, el teléfono sonó en la residencia de éste último; “es para ti, Carlos. Es el Gobernador de Guerrero”. La contestación de Carlos Salinas fue rotunda: “No. No es para mí; está llamando a mi hermano Raúl”. Una vez Raúl tuvo en la mano el teléfono masculló “¿llamas para decirme a qué hora llegan mis sobrinas?” Claudia y Daniela llegaron a Dulce Olivia el lunes 5 de octubre de 1987. Era por cierto bastante ridículo verlas salir de la casa con doble coche-guarura siguiéndolas, los del Estado Mayor Presidencial y los del Estado de Guerrero.

Desde entonces, y bajo la custodia y el cuidado de su madre, Claudia Ruiz Salinas dejó de utilizar el Ruiz-Massieu hasta que hace dos años tuvo que hacer campaña en Guerrero como candidata a senadora por ese estado (que perdió) y que luego siguió usando, ahora como Secretaria de Turismo. Lo adoptó de nuevo a 23 años de su precipitada salida de Guerrero, para regresar al estado arropada en la figura de su padre, sin duda uno de los mejores gobernadores que ha tenido el Estado. Qué bueno que divorció a los dos apellidos, posiblemente el que descansa en la tumba lo agradecerá. Es muy difícil especular lo que puedan ser sus sentimientos respecto a los hermanos Salinas de Gortari y el asesinato de su padre, siendo uno de esos hermanos su propia madre, pero la dicotomía Ruiz Massieu – Salinas de Gortari no la debe hacer doblegar fácilmente ante su tío, tanto si heredó el temperamento de su padre como el de su madre.

Por tanto, cuando Carlos Salinas de Gortari, refiriéndose a la presidencia de Enrique Peña Nieto, dice que ni una operación de cirugía le saca la sonrisa, está trabajando para sí mismo, a costa de dañar la imagen del presidente. Él necesita hacer creer a la sociedad lo que ni él mismo se cree: que sigue mandando, que sigue operando.


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