H. Ayuntamiento de Puerto Peñasco

Elecciones trágicas

BalasEstá de moda el Bullying, el amor desmedido por los animales y el ambientalismo, despotricar contra Monsanto, y hasta “mentarle la madre a Slim” en plena calle; valido en un país en donde el abismo entre quienes ejercen el poder y los que “los eligen”, sigue siendo enorme.

Descalificaciones al por mayor, grabaciones caseras de políticos borrachos o diputadas “dizque”, prepotentes, alimentan las redes sociales las cuales dicho sea de paso; pululan doble moral y linchamientos. Fotos de supuestos secuestradores o asesinos de mujeres, gente con SIDA que se dedica a transar y a contagiar gente, forman parte de la galería sin control que son ya esas mismas redes. Y es que los ciudadanos, hartos de abusos y encarecimientos, son presa de la histeria y la desesperación.

Mientras que los medios no dejan de hablar de Snowden, el rostro desencajado de Gustavo Madero, Presidente del CEN del PAN invade la pantalla de mi viejo televisor. Con la mirada vidriosa, el político denunciaba el compás de espera ordenado por el Instituto Electoral de Baja California en el marco de sus elecciones, lo cual señaló; “nos habla de falta de transparencia y es algo que nos desconcentra”.

Candidatos secuestrados, asesinatos y levantones en Tamaulipas, Oaxaca, Veracruz, Sinaloa y otros diez estados, son el triste balance de las elecciones en 2013, en donde se renovaran alcaldías, diputaciones y una gubernatura, nos encontramos según los analistas, en una de las peores crisis de violencia contra candidatos que se haya registrado. Ante esta terrible realidad, cabe hacer un par de preguntas ¿y la democracia? ¿Cuál transición?

Si la democracia es únicamente para algunos, la capacidad de una sociedad de renovar sus poderes eligiendo a sus gobernantes, que equivocados están. En el Siglo XXI hablar de democracia, nos remite a temas como participación ciudadana, equidad de género, libertad de expresión y sobre todo respeto a las garantías individuales y derechos humanos, en síntesis, no hay ejercicio democrático sano, sin un ambiente optimo para que exista.

Lastimado como nunca, el país es seccionado por los grandes consorcios, el crimen organizado, y ahora hasta algunas policías comunitarias, que al descubrir las mieles de un poder muy rudimentario, comienzan a abusar del mismo; ni para donde hacerse.

Definitivamente le corresponde al estado, garantizar elecciones transparentes, libres de discrecionalidad financiera, y claro; libres de violencia. Luego del artero asesinato del entonces candidato Rodolfo Torre Cantú, la grave puerta se abrió. Si eso podía pasarle a un candidato en pleno proceso, ¿Qué sería del ciudadano común y corriente?, si asesinan con lujo de violencia y premeditación al hijo de un ex Gobernador, como es el caso de José Eduardo Moreira, ¿Qué le espera a cualquier otro?

Hay de aquel que se atreva a desafiar las reglas no escritas de ese poder tan voluble como fantasmal. Es voluble porque su temperamento y accionar, dependen de los intereses que lo motivan, es un poder fantasmal, porque se ejerce al margen de toda ley, sin un rostro al cual se le puedan atribuir los incontables abusos. ¿Quiénes son? que importa, si lo que buscan es atemorizar, sembrar el desasosiego.

Lo único que nos queda claro es que en nuestro país, ante el embate de la ingobernabilidad, otros llegaron y tomaron las riendas; se trata de los poderes de facto. No pagan impuestos, determinan cuales son los valores de la comunidad, y lo que es peor, no hay quien los cuestione o les ponga freno.

Pero no toda la culpa es del gobierno. También los ciudadanos, en su acostumbrada pereza mental, han permitido la proliferación de leyes permisivas con el poder en turno, y el arribo a los puestos públicos de personas ignorantes, carentes de compromiso social alguno.

El desinterés por los temas públicos, provocó seguramente que esos poderes de facto, se enquistaran en los espacios como si se tratara de un parásito que además de arbitrario, es insaciable en grado sumo.

Y esa insaciabilidad corresponde al grado de ignorancia en que estamos sumergidos. No es la ignorancia de desconocer algún tema en específico, es una ignorancia peor, aderezada con insensibilidad y “valemadrismo”. Es pensar que lo que ocurre en nuestro alrededor no nos atañe, o que alguien o algo del más allá, vendrá algún día a transformarlo todo. Un sometimiento que nos rebaja a los inicios de la conquista, cuando se dice, nos cambiaban espejitos por diamantes.

Pero también, es desconocimiento garrafal de los verdaderos valores. No los valores impuestos por esos grupos, no únicamente la cultura de dar un par de monedas cada tanto; por alguna causa benéfica. No, me refiero a valores universales como el respeto a la vida, la dignidad de las personas, el sentido común que se conecta irremediablemente a la sensibilidad de las personas, eso; es lo que nos han ido matando lentamente.

Ahora no nos quejemos de que esos grupos armados, tomen los espacios que se les permitió ocupar. Pero tampoco, de aquellos valores de aparador que hemos decidido adoptar como propios, y que recurren a la sensiblería y no al sentido común. Finalmente, no hay quien los detenga, quien delimite sus territorios, o quién determine sus códigos de honor, si es que los hay. Uno, es el brazo opresor del otro.

Mientras los mexicanos cantemos el “ya merito”, o recemos todas las mañanas aquello de “ya ni modo” o “no hay de otra”, seguiremos contemplando desde afuera, como otros reciben portentosas recursos mal llamados dietas, y que bien pudieran servir para promover el deporte o la cultura. Pero el problema es mucho más de fondo. Es un problema de actitud ante la vida, de sensibilidad y hasta de civismo.

Aguardaremos expectantes el desenlace de lo que parece, una triste historia escrita con sangre, silencio y sometimiento.


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