EU, bajo cero
Las cuadrillas de emergencia y los residentes se esforzaban el domingo por despejar las carreteras y aceras después de la colosal tormenta que se desencadenó sobre el nordeste de Estados Unidos. La precipitación arrojó hasta casi un metro de nieve y desató ráfagas de viento que dejaron sin electricidad a cientos de miles de personas.
Los trabajadores municipales desde Nueva York hasta Boston trabajaron desde la noche del sábado al domingo en comunidades cubiertas de nieve, donde algunos automovilistas debieron ser rescatados después de pasar horas atascados en la oscuridad.
El presidente Barack Obama declaró el estado de emergencia para Connecticut, medida que permitirá la asistencia federal para acciones de restauración, en tanto que las empresas de electricidad auguraron que tras la tormenta algunos usuarios podrían quedarse sin energía varios días en Nueva Inglaterra.
“Nunca habíamos visto nada igual”, dijo Steven Bellone, funcionario del condado de Suffolk, Long Island, donde cayeron unos 75 centímetros de nieve.
Unos 345 mil hogares y negocios permanecían sin electricidad el domingo por la mañana, de los 650 mil que la perdieron inicialmente. Algunos distritos escolares anunciaron que cerrarán el lunes, lo cual complicará a los padres el regreso a sus trabajos aunque dará otro día de diversión a los chicos.
Por lo menos se atribuyeron 11 muertes a la tormenta, incluida la de un niño de 11 años en Boston que se asfixió con monóxido de carbono mientras estaba sentado en el interior de un automóvil en marcha mientras su padre paleaba nieve el sábado por la mañana. Las autoridades emitieron diversas advertencias de seguridad tras la muerte del menor y la intoxicación de otras personas con monóxido de carbono.
Las carreteras en el nordeste estaban intransitables y el sábado en algunos lugares la nieve cubrió los vehículos. Algunas zonas tuvieron tanta acumulación que los residentes no podían abrir las puertas.
“Es como levantar cemento”, se lamentó Michael Levesque, que paleaba nieve en Quincy, Massachusetts, para una empresa de jardinería.
En Providence, donde había acumulaciones de hasta 1.50 metros y los postes de las líneas telefónicas cubiertos de hielo se caían por el peso, Jason Harrison trabajó durante casi tres horas para despejar la entrada a la cochera y el camino hacia la puerta de su casa, no obstante, le quedaba mucho por hacer.
























