La virtud del sarcasmo

sarcasmo

Sobre el sarcasmo se podrían escribir tratados interminables. Lo cierto es que representa lanzar un dardo o un insulto de manera verbal o escrita, sin que parezca ninguna de las dos cosas. Es darle la vuelta a la vulgaridad, y a veces en tono solemne y mordaz, burlarse de las personas, sin que ellas lo noten.

Calificado como el escalón más alto del ingenio, la figura del sarcasmo ha sido frecuentemente utilizada en las letras y el cine con igual éxito. Tal es el caso de escritores como Shakespeare (1564-1616) y Cervantes (1547-1616), quienes lo utilizaron de un modo brillante en su obra.

Y ni que decir del cine con un exponente como Woody Allen (1935), quien sin cortapisas ha llevado las costumbres de una sociedad hipócrita y contradictoria, a las mayores cumbres del sarcasmo con singular humor ácido. El consagrado autor neoyorquino, se ha burlado elegantemente de sí mismo, exponiendo temas como Dios, el amor y el sexo, no sin antes incomodar a más de alguno; peccata minuta en un ámbito como el cine, donde de lo que se trata es de arrebatarle emociones el espectador.

Cada cinta de Allen, es un análisis arbitrario y cómico del comportamiento de esa misma sociedad a la que critica. Sus frases y diálogos, ejemplifican el pensamiento de un hombre ingenioso, acostumbrado a lacerar con su humor incómodo a ciertos sectores cada vez más estrechos. Va una frase de Allen; “La diferencia entre la muerte y el sexo es que la muerte es algo que puede hacer uno solo y sin que nadie se ría después de ti”; fin de la cita. Se trata un humor que creció ante la incomodidad de una sociedad francamente puritana, donde la pobreza y las prohibiciones acrecentaron ese ánimo. No está por demás señalar, que ese humor corrosivo es hijo también de la posguerra.

Cervantes por su parte, que elevo la parodia a grado de arte, da cuenta de ese ingenio en su obra más célebre Don Quijote de la Mancha, asignándole al personaje de Sancho Panza, un papel involuntariamente mordaz.

Famoso por sus frases, y refranes, destaco el siguiente del propio Sancho Panza; Don Quijote dijo a Sancho: “–No más refranes, Sancho, pues cualquiera de los que has dicho basta para dar a entender tu pensamiento; y muchas veces te he aconsejado que no seas tan pródigo en refranes y que te vayas a la mano en decirlos; pero paréceme que es predicar en desierto, y “castígame mi madre, y yo trómpogelas”. –Paréceme –respondió Sancho– que vuesa merced es como lo que dicen: “Dijo la sartén a la caldera: Quítate allá ojinegra”. Estáme reprehendiendo que no diga yo refranes, y ensártalos vuesa merced de dos en dos.

Pero es seguramente Don Francisco de Quevedo (1580-1645), el escritor en lengua española, que con mayor éxito utilizo el sarcasmo en sus importantes obras. Como muestra de ello, sus infaltables sonetos desbordantes en desenfado y humor.

Puto es el hombre que de putas fía,

y puto el que sus gustos apetece;

puto es el estipendio que se ofrece

en pago de su puta compañía.

Puto es el gusto, y puta la alegría

que el rato putaril nos encarece;

y yo diré que es puto a quien parece

que no sois puta vos, señora mía.

Mas llámenme a mí puto enamorado,

si al cabo para puta no os dejare;

y como puto muera yo quemado,

si de otras tales putas me pagare;

porque las putas graves son costosas,

y las putillas viles, afrentosas.

Este y otros muchos de los sonetos del Maestro Quevedo, dan cuenta de su habilidad para blandir el idioma, como si se tratara de una fina espada, que atemorizo a sus enemigos de manera constante mientras vivió. Esa misma afición por al humor corrosivo, le granjeo envidias, intrigas e incluso; la cárcel. No está de más señalar, los amantes del sarcasmo, agradecemos los esfuerzos de un espíritu tan inmortal.

También la caricatura, ha sido un aparador eficiente para reflejar esa dosis de humor ácido que a muchos nos resulta irresistible. Tal es el ejemplo del gran caricaturista Ernesto García Cabral (1890-1968), sus caricaturas revolucionarias de antología, Abel Quezada (1920-1991), conocedor de la idiosincrasia y el Sistema Político Mexicano, al que caricaturizó hasta el extremo, o más recientemente, el propio Naranjo (1937).

Hablando más cotidianamente, no a cualquiera se la da usar con genialidad el sarcasmo. El uso de tal figura, reclama ingenio y creatividad por fuerza. Un conocimiento del lenguaje, y casi un sexto sentido de modo y lugar para usarlo en el momento apropiado.

Un hombre sarcástico, es un hombre regularmente conocedor e incisivo, que vas más allá a cada paso. Regularmente, un espadachín de las ideas y el vocabulario, cuya destreza y agilidad son siempre portentosas.

En un mundo cada vez más aburrido, con más trámites, de una cuadratura que resulta a veces asfixiante, el sarcasmo es una virtud, que no a cualquiera resulta divertida, pero francamente irresistible para muchos otros.


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