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Muxes, “reinas Gays” de las comunidades Zapatecas

MuxesJuchitán, Oaxaca.- En la localidad mexicana de Juchitán, de la etnia indígena zapoteca, persisten costumbres como el “rapto de las novias” por parte de los jóvenes para forzar a sus padres a casarlas. Sin embargo, Juchitán también es conocida por el respeto y hasta el reconocimiento de que gozan tradicionalmente los homosexuales.

“Muxe” es la palabra con que se designa en las comunidades zapatecas mexicanas a aquellos hombres con preferencias sexuales distintas a la heterosexual, y no hace distingos entre gays, transexuales o transgénero. Lejos de tener que esconderse en el clóset, como muchos otros en un país con una muy extendida homofobia, los y las muxes tienen su lugar en la sociedad juchiteca sin necesidad de disimularse. Algunos de ellos visten incluso el traje tradicional de la mujer zapoteca, con su huipil (la colorida camisa indígena) de flores, su enagua y su refajo, sin temor a sufrir la burla y el rechazo.

“Acá en el istmo nos dejan vivir en paz con nuestro trabajo, nadie nos señala, nadie nos discrimina, mientras que en otros lugares si no te hacen a un lado, te insultan”, dice a Brecha Armando López, un muxe juchiteco que trabaja como maestro de educación primaria. “Los muxes, si no se dedican al trabajo doméstico, logran tener una profesión: son maestros, ingenieros, contadores y hasta comerciantes o empresarios”, agrega.

La expresión más visible de esta rara “tolerancia” son las “velas muxes”. Las “velas” son fiestas populares -con música y comilonas- típicas de la zona del istmo de Tehuantepec (la parte más estrecha del país, entre el Pacífico y el Golfo de México), que abarca el estado de Oaxaca, donde está Juchitán. Hay velas muxes todos los meses del año, pues cada congregación religiosa y algunos gremios organizan la suya. El día anterior a la fiesta hacen la “regada”, un desfile con carrozas en el que reparten pequeños obsequios a los vecinos, y en la mañana del día de la vela pagan una misa en honor de su santo. Las primeras velas muxes remontan a 37 años atrás.

Un grupo de muxes, las Auténticas Intrépidas Buscadoras del Peligro, comenzó en 1975 a organizar sus reuniones, primero más íntimas y después multitudinarias. En la actualidad acuden miles de personas, muchas de ellas llegadas de otros estados del país e incluso del extranjero, atraídas por el curioso fenómeno social de los muxes.

Buscadoras de peligro

Esta particular situación también ha despertado el interés de antropólogos. Algunos han hablado de la aceptación de los homosexuales como un tercer sexo, a medio camino entre la masculinidad y la feminidad, producto de una cosmovisión de la etnia zapoteca presente desde  tiempos ancestrales.

Elí Bartolo, pedagogo y estudioso del tema, coincide en que en la zona del istmo, en tanto el hombre tiene como ámbitos “el campo, la política y la cantina”, y las mujeres “la fiesta, la casa y el mercado (como vendedoras)”, el o la muxe “circula en todos ellos”.

Pero no todos los zapotecas aceptan de igual gana la homosexualidad masculina.  “Los zapotecas de la sierra, de los valles, son menos abiertos en relación con esta cuestión”, afirma Bartolo, quien admite no haber encontrado todavía una explicación a este comportamiento social.

Tampoco la tolerancia es total. La regidora de Derechos Humanos y Diversidad Sexual de Juchitán, Rogelia González, explica que “existen aún actitudes homofóbicas, discriminatorias hacia el sector de los muxes”. “Se han dado incluso asesinatos”, dice, que atribuye a influencias “occidentales” y de la Iglesia Católica, pese a que algunos sacerdotes de la zona, donde la teología de la liberación ha calado hondo, respetan la homosexualidad masculina, aunque mucho menos la femenina. En el istmo, las lesbianas, que reciben el nombre de “nguiu”, sufren una marcada discriminación, observa la regidora.

Benditos sean

“Yo sostengo que la aceptación empieza a partir de la aportación económica que tienen los/las muxes a la familia. Generalmente después de la pubertad, de la adolescencia, antes no. Y si es un homosexual que no aporta, no es apreciado”, afirma Bartolo.

En Juchitán se dice que las familias consideran una bendición tener un hijo muxe, porque a diferencia de sus hermanos, que se casarán y abandonarán el hogar paterno, el hijo homosexual se quedará y cuidará a sus progenitores en su vejez. Aunque, claro, no siempre es así, ya que hay padres que no llegan a aceptar al hijo “diferente”. “Raramente es el caso de la madre. Una madre acepta a su hijo como llega al mundo. Aquí la mamá, lejos de discriminar, de rechazar, acepta al hijo y lo viste como es. Si se siente mujer, de mujer. Por el contario, el papá dice: ‘Ve al huerto, ve a ordeñar o a cosechar’. El muxe va, pero afeminadamente, muy delicadamente y regresa todo lastimado, por el trabajo abrupto.”

Algunas muxes, sin embargo, sufren o han sufrido discriminación en sus familias por su condición sexual. Nayeli Sicarú, una joven de 21 años que conduce un programa cultural en la televisión local, dice que cuando quería pintarse la cara para identificarse como muxe, su padre reaccionaba violentamente. “Me rompía los maquillajes, los tiraba, me quemaba mi ropa, los pantalones ajustados que usaba. También muchas compañeras me rechazaban diciéndome que no podía realizar el trabajo que ellas siendo mujeres sí, porque mi imagen no iba. Pero pude lograrlo gracias a mis jefes, que me reconocieron por mi trabajo. Y hoy mi papá comienza a admitir que tiene un hijo muxe”, agrega.

Nayeli fue a la última vela muxe de las Auténticas Intrépidas Buscadoras del Peligro. Y es que esta fiesta, que tiene lugar todos los noviembres, es ansiada por las muxes travestis pues es la ocasión del año en que visten sus mejores galas: unos atrevidos y ajustados vestidos de noche. En la velada se corona una reina muxe, y travestis y transexuales venidos de todo México desfilan por las calles. Los ostentosos y coloridos trajes regionales son dejados para la “lavada de ollas”, una fiesta que tiene lugar el día siguiente, más pequeña y tranquila. Ambos eventos son una auténtica celebración de la diversidad sexual: heteros, homos, travestis y trans conviven y bailan en parejas de todo tipo tanto canciones modernas como bailes tradicionales, como la sandunga.

Pese a que la vela de las Intrépidas atrae a muchos activistas de los colectivos homosexuales y transexuales de todos los rincones de México e incluso del extranjero, la agenda de los y las muxes por la defensa de sus derechos tiene acento propio. “La cultura zapoteca no es dicotómica. Podríamos decir que es de tres vías (hombre, mujer y muxe). Al haber esta posibilidad de una tercera opción, que permite el flujo entre los géneros, no se produce el conflicto que hay en otras partes”, sostiene Gloria Hazel Davenport, activista transexual y periodista.

Por ejemplo, las muxes travestis o transexuales no manifiestan interés en cambiar su nombre por uno de mujer, porque en la práctica son conocidas con los nombres que ellas mismas escogen, algunos tan exóticos como Felina o Venus, según dice la “intrépida” Binnizáa Carrillo, coordinadora del programa de prevención contra el sida en el ayuntamiento de Juchitán.

Tampoco muestran un particular interés en el derecho a adoptar, pues muchos de ellos y de ellas tienen hijos biológicos de relaciones esporádicas con mujeres o cuidan como propios a hijos de hermanos u otros familiares. “Las personas trans debemos mantenernos al margen y no debemos politizar ni manipular la experiencia muxe. Tenemos que darnos cuenta de que nuestra lucha desesperada por conseguir derechos no justifica atropellar o contaminar una de las riquezas culturales que tenemos en este país”, advierte Davenport.

Del grupo original de las Intrépidas surgieron varias escisiones y ahora hay cinco velas en Juchitán y algunas otras en pueblos de alrededor.

Las reivindicaciones muxes van en el mismo sentido que las de las mujeres del istmo. Aunque los antropólogos han hablado de la existencia de un matriarcado en la zona, sobre todo por el papel que juegan las mujeres en el mercado (son ellas las que venden la producción familiar y tienen por lo tanto buena parte del control de los ingresos familiares), han estado tradicionalmente excluidas de la política y están intentando ganar terreno en ese aspecto. En 2003 una muxe, Amaranta Gómez, se presentó como candidata a diputada federal. No fue electa, pero el hecho constituyó una mini revolución.


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2 Responses to Muxes, “reinas Gays” de las comunidades Zapatecas

  1. daniela 11/02/2014 en 1:09 PM

    en lo personal me da gusto que en esta comunidad no se descrimine y sobre todo sean personas de bien, felicidades a todas la mujeres muxes

    Responder
  2. alan 07/06/2014 en 1:21 PM

    Me gustaria ir : )

    Responder

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