Víctor Jara, a 40 años de su muerte

“Música comprometida, música revolucionaria, canción protesta o nueva canción chilena ¿por qué tantos nombres? Nosotros no conocemos más que uno solo: canción popular”, decía Jara.

“Música comprometida, música revolucionaria, canción protesta o nueva canción chilena ¿por qué tantos nombres? Nosotros no conocemos más que uno solo: canción popular”, decía Jara.

Ciudad de México.- “Vuelvo en cuanto pueda, quédate tranquila”, le dijo Víctor Lidio Jara Martínez a su esposa Joan Turner antes de subir al Renault 4 y dirigirse a la Universidad Técnica del Estado (UTE). Esa tarde actuaría en el acto donde Salvador Allende propondría un plebiscito para preguntar al pueblo si deseaba su permanencia en el poder.

Jara, como Manuel en su famoso tema Te recuerdo Amanda, nunca regresó. Junto a otros estudiantes y profesores se atrincheró en el edificio y resistió hasta que las Fuerzas Armadas les tomaron prisioneros para trasladarlos al Estadio Chile, que para entonces había sido convertido en un lugar de detención. Torturado y humillado, el compositor fue asesinado. Tenía 40 años, los mismos que han pasado desde aquellos días…

La huella de Amanda

Víctor Jara nació el 28 de septiembre de 1932  en la provincia de Ñuble, de la Región del Biobío en Chile. “Mi padre era analfabeto y no quería que nosotros fuéramos al colegio para que pudiéramos ayudarle, y así desde los seis o siete años iba a trabajar con él al campo. Pero mi mamá sabía algo de leer y así desde el principio insistió que por lo menos aprendiéramos las letras”, recordaría alguna vez.

Jara creció bajo la protección de su madre Amanda Martínez, quien se empleaba como cantante alegrando fiestas y velorios; ella sería también quien le acercó por primera vez a la música: “los rasguidos de la guitarra penetraban en mí; recuerdo que me quedaba detenido frente a ella escuchando la guitarra”.

Agobiada por el alcoholismo de su marido, Amanda dejo el campo y partió con sus seis hijos a Santiago. En la capital chilena Jara pudo ingresar a la escuela y comenzar a tocar la guitarra, cantar y escribir algunos versos. Su madre murió cuando él tenía quince años, aquel episodio significaría un duro golpe: “Yo era muy joven y sufría mucho”. Enfrentado al dolor decidió ingresar al Seminario Redentorista de San Bernardo.

Exento de vocación, sólo permaneció dos años en el seminario e inmediatamente después de su salida fue llamado para cumplir el Servicio Militar. La vena artística le obligó a buscar un lugar en un coro universitario donde cantó Carmina Burana. Con algunos amigos que conoció ahí, viajó al norte de su país a finales de 1954 para recolectar música popular. Aquel viaje sería el reencuentro con lo que había escuchado desde pequeño con Amanda, su madre.

Jara ingresó a la escuela de teatro de la Universidad de Chile en donde participó en montajes estudiantiles. A principios de los sesenta terminó sus estudios de Dirección Teatral y fue contratado por el Instituto de Teatro de la Universidad de Chile para formar parte de su equipo de directores. Como director obtuvo diferentes premios y el British Council le invitó a pasar una temporada en Inglaterra.

Simultáneamente, el compositor se integró como folclorista al conjunto Cuncumén con el que realizó en 1962 una gira por Europa, visitando países socialistas como Polonia, Checoslovaquia, Bulgaria y la ex URSS. La llegada de otra mujer definiría el futuro de Víctor Jara, esta vez fue Violeta Parra, quien le animó a seguir en la música y le ayudo a definir parte del estilo que después le volvería famoso.

“Música comprometida, música revolucionaria, canción protesta o nueva canción chilena ¿por qué tantos nombres? Nosotros no conocemos más que uno solo: canción popular”, decía Jara acerca del movimiento musical del que ya formaba parte.

El golpe

Mañana del 11 de septiembre de 1973. Víctor Jara ha estado escuchando la radio desde que despertó, su país y el gobierno socialista de Salvador Allende se encuentran amenazados ante una sublevación militar. Su esposa Joan Turner sale de la casa para llevar a sus hijas Manuela (de 12 años) y Amanda (de 8 años) a la escuela. En el trayecto escucha por la radio el estado en que está el país, desiste de dejar a las niñas y regresa con ellas a casa.

“Encontré a Víctor nervioso, escuchando radio. Juntos oímos el último discurso de Salvador Allende. Pronto las marchas militares se tomaban las transmisiones de las radios. Teníamos miedo”, relatara Turner varios años después. Jara decide asistir a la UTC, donde sendesempeña como profesor; ese día también formaría parte del programa artístico que acompañaría a Allende en un acto público que comenzaba al mediodía.

Turner recibió dos llamadas de su esposo a lo largo del día, después no sabría de él hasta una semana después.

Septiembre de 2013, 40 años después. Chile resistió el silencio durante los 17 años que duró la dictadura militar de Augusto Pinochet, terminada en 1990. Después comenzó a reconstruir las historias detrás de los asesinatos, desapariciones y torturas que los militares cometieron. La de Víctor Jara sigue completándose: su familia interpuso a principios de este mes una demanda por asesinato contra Pedro Barrientos Núñez, ex oficial del Ejército y residente en Estados Unidos, a quien señalan como uno de los asesinos del cantautor.

Jara y el resto de la resistencia que permanecía en la UTC comenzaron a ser desalojados el 12 de septiembre para ser trasladados al Estadio Chile, ya convertido en campo de prisioneros que llegó a sumar hasta cinco mil. Cada prisionero era despojado de sus pertenencias y consignado en una lista que incluía nombre, cédula de identidad, domicilio, filiación política, antecedentes de la detención y observaciones.

Los relatos del abogado Boris Navia y del periodista Sergio Gutiérrez, también detenidos, coinciden en que Jara fue golpeado una y otra vez en cuanto fue reconocido por los militares. “Tenía numerosos hematomas en los pómulos, se notaba pálido, muy débil. Su mirada estaba perdida”, narró el periodista según consigna un reportaje del periódico La Nación. En cuanto Gutiérrez pudo acercarse a Jara, este le dijo: “Mira mis manos… mira mis manos… me las machacaron para que nunca volviera a tocar la guitarra…”

Un escuadrón de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes llegó al Estadio Chile el 16 de septiembre, el ex conscripto José Alfonso Paredes Márquez relató ante un juez que se ordenó sacar a 15 prisioneros que permanecían en el camarín del subterráneo. Entre ellos estaba Víctor Jara.

Detrás llegó el teniente Nelson Haase y un subteniente que estaba a cargo de los conscriptos, este comenzó a jugar a la ruleta rusa con su revólver apoyado en la sien del compositor. Después se oyó un disparo y el cuerpo de Jara cayo de lado. Paredes y otros militares recibieron la orden de descargar ráfagas de fusil en el cuerpo. La autopsia revelaría unos 44 impactos de bala.

El cuerpo sin vida de Jara habría sido llevado al Instituto Médico Legal, donde el ex funcionario del Registro Civil, Héctor Herrera Olguín, lo identificó y dio aviso a Joan Turner antes de que fuera enterrado en una fosa común. En soledad, la esposa del cantautor le enterró en un pequeño nicho del Cementerio General. Sólo 36 años después, en diciembre de 2009, Víctor Jara fue velado por miles de chilenos en un acto que encabezó la ex presidente Michelle Bachellet.


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