H. Ayuntamiento de Puerto Peñasco

Codependencia…

¿Cuáles son tus cadenas?

En la prisa de nuestras vidas y el ir y venir de nuestros pensamientos diarios, sería bueno tomar un momento para respirar profundo y preguntarnos en silencio, como quien consulta una brújula para encontrar su rumbo correcto, las siguientes preguntas: De dónde vengo? A dónde voy? Qué necesito? Qué quiero? Cómo lo alcanzo? Con qué me tropiezo siempre? Escucho mis necesidades?

Con dichas preguntas podemos eventualmente enfocarnos en cómo estamos llevando nuestras vidas y a manera de reflexión positiva como poder lograr nuestras metas que son aspectos sumamente importantes a tratar, no obstante en esta ocasión nos centraremos en la última pregunta, ya que surge la necesidad de adentrarnos un poco más en una realidad que nos acosa más de lo que pensamos sobre todo en nuestra cultura donde la obediencia y el respeto mal manejados y llevados a un sentido de sacrificio nos mantienen alejados de nuestras propias necesidades, en casos de matrimonios, hijos con padres ancianos, jefes y empleados, etc.

No digo con ello que dejemos de pensar en los demás, claro que no, el amor es precisamente lo que nos mantiene unidos y el cuidado y cumplimiento de las necesidades de los demás es lo que nos hace humanos y nos trae felicidad y salud, sin embargo, en ocasiones nos olvidamos del amor hacia nosotros mismos, que es parte importante de nuestra salud y que determina la manera en que servimos a los demás.

Existe una condición psicológica en la cual alguien manifiesta una excesiva, y a menudo inapropiada preocupación por las dificultades de alguien más o un grupo de personas, descuidándose a sí mismo. A dicha condición se le llama “Codependencia”, que se define como “el ciclo de patrones de conducta y pensamientos disfuncionales, que producen dolor, y que se repiten de manera compulsiva, como respuesta a una relación enferma y alienante, con un adicto activo o en una situación de toxicidad relacionar.”

Dicha patología ha existido siempre, pero no fue sino hasta la década de los 70’s cuando se le dio dicho nombre, en Massachusetts, cuna de los centros de rehabilitación para las adicciones, ya que encontraron patrones de conducta repetitivos en los familiares o parejas de los enfermos adictos así que debido a su riesgo lo estipularon como una condición emocional y se refiere no sólo a la codependencia con un adicto sino también hacia un apareja agresiva, un ciclo vicioso de desamor y falta de respeto o bien a una situación que no le trae satisfacción a la persona, pero que provoca que siga humillándose por la aceptación del otro.

La codependencia se presenta por lo regular en quienes conviven con un adicto o viven en una familia disfuncional y tienden a priorizar las necesidades del otro a las propias e incluso llegan a enfermarse ante dicho descuido. Todo éste sacrifico lo realizan por la necesidad de recibir los mismos cuidados a cambio y al no ser recíproco tan abrumante atención sufren depresiones graves.

Las características de un codependiente, por mencionar algunas pueden ser las siguientes: culpa, negación, incapacidad de decir “no” y/o poner límites, indecisión, ansiedad, obsesión por controlar la vida de los otros, búsqueda de la felicidad fuera de sí mismo, desconfianza, dolores de espalda o cabeza continuos, bajas defensas, problemas gastrointestinales provocado todo ello por el estrés.

La conducta codependiente enferma al proceso adictivo, pero además se convierte en un factor clave en la evolución de la adicción del otro, es decir, la persona codependiente a un adicto contribuye con su conducta, a la prevalencia de la  adicción del otro o a su aumento.

La codependencia puede provenir de nuestras estructuras mentales que pueden ser aprendidas, imitadas y/o provenientes de heridas primarias, de lo que vimos en casa y nos inculcaron o bien de haber crecido en una familia disfuncional o con padres castrantes que provocaban una atmósfera de tensión y desvinculación que lleva a la persona a dejar de pensar en sí misma por no causar mayor problema y poder contribuir a que papá no se enoje o mamá deje de llorar, por sólo mencionar un ejemplo.

El codependiente en el amor acostumbra abrumar al otro con cuidados excesivos que por lo regular son innecesarios, controlando la vida del otro y haciéndole sentir inútil, ya que todo quiere resolverle, puede ser asfixiante en sus expresiones al punto de que la otra persona desea escapar y al sentir el codependiente, el rechazo sucumbe en un estado de ánimo decadente.

Todo ello pudiese tener una base en un niño interno lastimado que debido al abuso, el descuido de las necesidades básicas y el trauma propician esconderse y desconectarse del sí mismo real, y favorecen la aparición del sí mismo falso o codependiente.

Es por ello la importancia de la vinculación de todo ser humano en su infancia, ya que provee de seguridad para decidir sobre las diferentes dificultades de la vida. La persona codependiente puede o no haber tenido una infancia disfuncional pero haber presentado experiencias de vida a lo largo de su crecimiento que contribuyeron a dicha forma de relacionarse.

El otro no es el problema, sino el problema lo tiene la misma persona codependiente, porque mientras no se trate adecuadamente, elegirá sus relaciones para llegar siempre a la misma situación.

¿Cómo encontrar la libertad? Lo primero es la aceptación de la única capacidad de cambio, la de uno mismo, no podemos cambiar a los demás. Dejar de controlar. Dejar de reaccionar ante las reacciones de los demás, dejar de “rescatar” a los demás de sus responsabilidades. Dejar de preocuparnos por los problemas de otros que no podemos resolver. Poner en práctica el desapego. La más importante, buscar ayuda especializada.

LA CODEPENDENCIA ES TRATABLE Y SU RECUPERACIÓN ES POSIBLE.

 


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