H. Ayuntamiento de Puerto Peñasco

El adiós de Marcos.

Vertebral

marcos

El omnipresente y misterioso encapuchado, conocido bajo el pseudónimo de Subcomandante Marcos, desaparece de la escena, según lo hace constar en el comunicado de nombre; “Entre la luz y la sombra”. En dicho texto, el personaje en cuestión, reconoce la existencia de errores en la construcción del personaje (él mismo), al que considera un distractor del verdadero propósito del EZLN.

Sin embargo, el hecho de que el Sub lo reconozca a estas alturas de su historia, ha generado indignación aún, entre aquellos que decían ser sus seguidores. Es decir, si el EZLN en aquel turbulento año del 94, surge en contraposición a los excesos del PRI-Gobierno (con especial énfasis en la firma del TLC), hoy, con tan escandalosa declaración, el  Sub se equipara en soberbia al sistema contra el cual supuestamente se vio enfrentado. ¿Cómo es posible que alguien con su inteligencia y depurada ideología, no se diera cuenta que su presencia sería objeto de idolatría y veneración en un país abarcado por el surrealismo? ¿Nunca pensó que la construcción romántica de su personaje, un intelectual con pasamontañas, fumando pipa y leyendo a los franceses, causaría conmoción en medio de la zozobra del 94? ¿No le parece demasiado tarde para reconocer que construyo un ser mucho más visible que la búsqueda que supuestamente lo orientaba?

Ante esta reflexión, los comentarios del Sub son un verdadero balde de agua fría, para los que pensaban que aquello era en serio. La crisis del 94, con sus asesinatos políticos y aconteceres shakesperianos, era cierta. La propuesta de un TLC amenazante para los intereses de una nación como la nuestra, era cierta. La presencia insaciable de Carlos Salinas como el supremo concigliere del orden mundial dominante; también era cierta. Pero el Sub no era cierto, aquel hombre de palabras rebuscadas y mirada profunda, terminó por deshacerse, y antes que pasar al olvido total, prefirió hacerse el harakiri.

Montado en la soberbia que siempre le caracterizó, prefirió la construcción de un nuevo personaje, antes que descubrir su rostro, en medio del descredito que ya le acompaña. Ahora ya no es Marcos, sino a decir de él mismo, “es el Subcomandante Galeano”, una nueva personalidad, que no le traerá ni el aplauso de la comunidad internacional, ni el respaldo de la izquierda intelectual de México. Marcos nunca fue Marcos, siempre se trato de Rafael Sebastián Guillén Vicente, un hombre inteligente con sed de grandeza, que hábil y maquiavélicamente, construyo un personaje a la medida de nuestra idiosincrasia. Un encapuchado con disfraz de guerrillero, que con su palabra precisa, logro sintetizar los afanes de justicia de todos los mexicanos, sin lograr el objetivo que el mismo  se trazó. Un hombre que siempre presumía su pretendida clandestinidad, pero del cual las autoridades conocían identidad precisa, y decidieron no apresarlo, a pesar de que sabían de sobra su paradero. Con tal decisión, dichas autoridades lo único que lograron, fue oxigenar la gran farsa del Sub y su personalidad exótica, “proveniente del imaginario popular”, como el mismo reconoció alguna vez.

De la clandestinidad del 94, el Sub paso autoexilio, y luego al total ostracismo ideológico. Pero es más, las propias Declaraciones de la Selva Lacandona, que recogen los principios y búsquedas del EZLN, están empapadas del carácter voluble del Sub. Inicialmente, llamaban al levantamiento y a la revuelta del pueblo mexicano, en aras de la justicia social tan anhelada, pero luego, esa sed de revolución, encontró acomodo en el objetivo de lograr que Cuauhtémoc Cárdenas, fuera de nuevo candidato del pueblo de México, y con el respaldo del zapatismo. Luego, las siguientes Declaraciones, se convierten en textos que se caracterizan por su pinturería literaria, consejos de filosofía para alumnos de último semestre, alejados ya de la búsqueda inicial.

Marcos, logro sobrevivir con fuerza, mientras el PRI se mantuvo en el poder. Luego, la llegada del PAN al poder a través de un voto arrollador, enfrío el contenido de su mensaje, y lo desarticulo en cierta forma. Después, durante la candidatura de López Obrador, Marcos enrareció el ambiente social invitando al voto blanco, porque según él; “todos los candidatos eran iguales”. De una u otra manera, siempre estuvo presente en la opinión pública en la generación de sus famosos comunicados, difundidos en medios consentidores del personaje, que ellos mismos ayudaron a fabricar. Por eso, resulta inaceptable que el Sub, reconozca hasta ahora que fue un distractor y que pretenda que los mexicanos, seguidores o no de sus aventuras ideológicas le creamos. Total, si Marcos fue un distractor, el EZLN lo consintió. Si Marcos embaucó aún a la izquierda más intelectual del país, envolviéndolos con su halo de misterio, es porque ellos también lo consintieron. Aunque es tarde para arrepentirse (quienes creyeron en el), no es tarde para aceptar que todos, intelectuales y snobs, se contagiaron del mismo humo de aquella pipa humeante del Sub, que entorpeció la reflexión de todos.

No es raro que a la llegada del PRI de nuevo al gobierno de nuestro país, Marcos saltara a la palestra con aquella frase de “nosotros nunca nos fuimos”, y aquella marcha que esperanzo los corazones de los ya pocos seguidores del personaje. Pero el resultado de esa comparación resulta realmente desalentador; Marcos se va, y el PRI se queda, así de fácil. No es raro tampoco, que alguna vez acariciara la idea de acompañar a Cuauhtémoc Cárdenas, en otra más de sus caudillescas aventuras por la presidencia. Nuevamente, la realidad domina todo el contexto, cuando Marcos dice adiós, Cárdenas acaricia nuevamente la idea de buscar la presidencia. El Sub se va, y el país se queda sin aquellos acuerdos de San Andrés, suscritos en el papel y ausentes en la realidad. Se va dejando fría aquella Ley Indígena que tanto revuelo causo, mostrando que su célebre visita al congreso, y aquel tour por el país que tanto animo despertó en sus fans, era una más de sus demostraciones de prestidigitador de la opinión pública.

Un defensor de indígenas que no es indígena. Un revolucionario que no hace revoluciones. Un hombre que refugiado en el absurdo de su personalidad incógnita, ni puede ser tratado como otros, ni puede ser juzgado bajo ninguna ley humana. Cierto que no se necesita ser indígena para defender los derechos de los pueblos originarios. Cierto, que hay muchas maneras de conseguir una revolución, y no solo la vía armada, pero no es el caso del Sub. Marcos, ni encabezó una revolución armada, y hoy está visto que la revolución ideológica que supuestamente buscaba, lo rebasó por la derecha sin esperarlo, triste realidad. Ese pasamontañas del Sub, resultó su mejor salvoconducto a la celebridad, y sin complicaciones aparentes. Un hombre blanco, que defiende a los indígenas y vive como ellos. Un hombre blanco, que se preocupa por los indígenas y el ancestral abuso del que han sido objeto, resulta una idea redonda;  el chantaje sentimental en el caso de Europa, y el fanatismo fundamentalista en el caso de México.

Una cosa es escribir bonito, ser culto y aún voluntarioso, pero otra muy distinta, es ser un revolucionario de verdad, es decir, revolucionario como Martí, el Che Guevara, o el mismo Zapata del que se colgó Marcos. Si Cesar Augusto Sandino, o Salvador Allende se hubieran puesto un pasamontañas, habrían logrado todo, menos transformar la vida de muchos hombres y mujeres, y al final, inspirar la libertad de las conciencias como lo hicieron. Hoy tarde nos explica Marcos el motivo de sus errores, y la razón de su vanagloria.

Pero hay que ir más lejos para seguir entendiendo al personaje “Vale. Salud y hasta nunca… o hasta siempre, quien entendió sabrá que eso ya no importa, que nunca ha importado”; son las palabras de Marcos, en su tan cuestionado texto de despedida. Traduciéndolo, quiere decir que sus palabras como siempre, no pueden ser entendidas por cualquier mortal. Hasta ahora se dio cuenta (o nos quiere hacer creer), que la revolución no depende de las personalidades, es decir, no de cualquiera de las personalidades. Una como la de Marcos, fundamentada en lo que no se puede palpar, y por lo tanto tiene grado de superchería. Otra como la de los reales revolucionarios, los que son identificados por nombre y rostro, y que al final hacen de este, un mundo mejor y más justo. Por eso la revolución, no puede depender de una personalidad como la de Marcos, fundamentada en el anonimato (auto concedido), y que depende, de una voluntad tan voluble como megalómana.

Si el mensaje de Marcos, consiste en mostrarnos que es mejor evadirse, que enfrentar un destino manifiesto, que pena. Quiere decir entonces, que Allende, Guevara, Gandhi y Madero fueron unos completos idiotas que se dejaron asesinar, en lugar de “haber transformado su realidad a partir de una identidad exótica”. Para Marcos, es mejor sobrevivir de la construcción de personajes a modo, que desparecer en la nada, puesto que ello, sería reconocer un fracaso que ha sido evidenciado por el mismo. Claro, para él es mejor ser un revolucionario jubilado, que un simple enmascarado con delirios de grandeza.

Hasta en la lucha libre, perder la máscara es algo oprobioso e inaceptable, pues mostrar el rostro, es sinónimo de derrota y total deshonor. Sin embargo, hasta el “Enmascarado de Plata”, al final de su brillante trayectoria, decidió mostrar su rostro sin demeritar el mito que le antecedía, claro; no es lo mismo, ser revolucionario que héroe de la lucha libre. Por eso Marcos, debió escoger desde el principio, cuál era su real papel en la transformación del país. Si la celebridad a partir de la seducción, o la inmortalidad partiendo de la real revolución, no solamente la armada, sino la que es alimentada por las acciones tangibles de quienes la representan. Acciones y no comunicados ni textos exóticos, acciones frente a un país sumido en la inopia, que requiere hombres de convicción, y no personajes surgidos de ahí precisamente, del imaginario colectivo. Es precisamente ese imaginario idiosincrático, del cual los manipuladores que nos gobiernan se sostienen. De un miedo ancestral al cambio, y una necesidad de creer en lo falso, en lo inasible. Por eso los revolucionarios reales, se pueden distinguir de los farsantes. Si el golpe de la desigualdad es fuerte, amerita la respuesta inmediata de la dignidad, la defensa y protección de la vida humana por sobre todas las cosas, sin sectarismos manipuladores ni chantajistas.

Adiós a Marcos, en medio de un país sumido en el caos y la desigualdad. Adiós a Marcos, sin que en México, el sistema gobernante quiera ver hacia los pueblos originarios. Adiós a Marcos, y sus mentiras hechas sonetos, las reflexiones filosóficas ininteligibles para la mayoría, la exaltación de una inconformidad eterna, sin rumbo, sin convicción y sin destino.

¿Cuántos Marcos más toleraremos?, ¿Cuántos mendrugos de pan, para esta justicia que no llega? ¿Cuántas serpientes emplumadas seguiremos aguardando?


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