H. Ayuntamiento de Puerto Peñasco

El balón perpetuo

Vertebral

balon

Marcada por la sombra de la corrupción, así arranco la Copa del Mundo 2014. Para nadie resulta ajeno el escándalo de magnitudes internacionales desatado en Brasil, con relación a la construcción de estadios de futbol y el desplazamiento de miles de personas, al amparo del desvío de fondos y la sobrefacturación en costos.

Aunque los brasileños aman el balompié, no despreciaron la oportunidad de mandar literalmente “a la mierda”, a su mandataria Dilma Rousseff, durante la ceremonia de inicio de la celebración futbolera. La rechifla que se multiplico por cientos en el evento, alcanzo a Joseph Blatter Presidente de la FIFA, quien presa de uno de sus ataques de demencia senil; pidió al público respetar a la primera mandataria brasileña.

Lo que se antojaba como una celebración que estrecharía los lazos entre las naciones, bajo el cobijo del deporte y la concordia, acabo siendo el escenario grotesco en donde algunos de los países participantes, terminaron exhibiendo lo peor de sus idiosincrasias. Tal es el caso de los 40 hinchas chilenos, quienes intentaron ingresar al legendario Maracaná por la sala de prensa sin entradas, rompiendo vidrios y causando otros destrozos a su paso. Previó a la celebración del partido entre Chile y España, los hinchas fueron sometidos por las fuerzas de seguridad, mientras que las redes sociales en el mundo, daban cuenta del penoso acto de vandalismo.

Cuando los ojos del mundo se situaban en el bello país sudamericano, famoso por La Chica de Ipanema, sus hermosas mujeres y los exóticos carnavales, un mexicano daba la nota amarilla, arrojándose desde el quinceavo piso de un crucero, todo bajo el efecto de alguna que otra botella de mezcal oaxaqueño. Se trata del joven Jorge Alberto López Amores quien antes de lanzarse, según testigos expresó; “Voy a aventarme, voy a hacer historia”. Pero ni el escándalo de los hinchas chilenos, ni la valentía del beodo López Amores detuvieron la gesta futbolera. Tampoco la pronunciación a coro de la palabra “puto”, durante la celebración de un partido por parte de la afición mexicana, freno la fiebre del balompié. Llena de indignación la FIFA, expresó la posibilidad de expulsar a México de la Copa del Mundo, debido (según ellos) a tan baja expresión del lenguaje, sin embargo horas después, la máxima autoridad del futbol a nivel mundial; expresaba su decisión de no sancionar a nuestro país. Después de todo México, representa a una de las aficiones más leales y consumidoras del orbe, donde el deporte de las canchas y los futbolistas guapos; es un negociazo de magnitudes épicas.

Aunque los casos del clavadista borracho y  los hooligans chilenos podrían pasar como asuntos aislados, sirvieron para enturbiar una celebración que años atrás, tanto el gobierno de Brasil como las transnacionales, habían proyectado como perfecta. Si el origen de la Copa del Mundo Brasil 2014, estuvo marcado por la putrefacción y los intereses turbios, su curso y futuro desenlace no podrían ser diferentes, cuando las escenas cotidianas en los medios, dan cuenta de las protestas de los inconformes en aquel país hermano. Y las idiosincrasias afloraron. Chile, un país castigado por los años de la dictadura pinochetista, aprendiendo a andar a tumbos, por el sendero de la democracia. No es raro ver en las calles de aquel país, a izquierdistas contra pinochetistas dándose con todo, en un país donde la libre discusión de las ideas y el respeto al contrario, termina por ceder a una dosis de puñetazos y patadas. Tampoco resulta extraña la imagen del connacional mexicano, que al ascender por la legendaria torre Eiffel por ejemplo, solo atina a ponerse un sombrero de charro, o echarse un buen trago de tequila, al son de algún grito cacofónico. Unos por violentos en grado sumo, otros por ignorantes y exhibicionistas, y aunque ni los hinchas chilenos, ni el clavadista beodo representan la totalidad de las costumbres de ambas naciones, si son parte de una realidad que todos ven. La de un país ansioso de libertad, tras romper las ataduras de la moralista y asesina dictadura por un lado, y la de una nación castigada por la desigualdad, cuyos representantes; los modernos charros sombrerudos (con estudios en alguna cara universidad), solo atinan al exhibicionismo barato. Esa imagen ofrecemos Chile y México, así nos miran en el exterior. En todo caso, esos cinco minutos de fama de unos y otros infractores, solo exhiben el estado de insatisfacción, de un par de sociedades violentadas desde su origen.

Pero tampoco un amplio sector del pueblo brasileño, ha puesto buena cara a la onerosa Copa del Mundo. Una sociedad mucho más informada, se ha manifestado en contra del desplazamiento de miles de brasileños, en aras de la construcción de los estadios de futbol. Nuevamente el interés monetario, la segregación y la arbitrariedad, se impusieron a la confraternidad de los países alrededor del balompié, y pese a todo, el balón seguirá rodando.

Pero aquel balón que a su paso por el césped sintético, logro alguna vez distraernos de nuestra precaria realidad, no podrá anestesiarnos hoy, del acontecer social en que vivimos. Mientras que la pelota rueda entre los pies de once hombres, que hasta la bendición de EPN recibieron, nuestra nación se hace añicos, sin que podamos detener la hemorragia. Mientras que en Michoacán cae el hijo de “La Tuta” y en apariencia el gobierno logra debilitar a las autodefensas, los medios de comunicación nacionales y extranjeros, dan cuenta de la proliferación de comités de vigilancia armados en el Estado de México. Cansados de abusos de la mafia, y de sus tratos ominosos con los gobiernos, los ciudadanos se han organizado, demostrando que no hay estado de derecho, sin justicia social que lo ampare.

Mientras que el balón, ebrio de falsedad rueda por las canchas espaciosas, en México se juega el futuro, en una Reforma Energética que no avanza. El chantaje, los amagues políticos y el escándalo legislativo revolotean por San Lázaro, mientras que aquella vieja frase de “La Patria es Primero”, se antoja cada vez más chusca.

Tampoco el balompié con su voraz parafernalia, logrará ocultar la renuncia del gobernador de Michoacán, y los motivos reales que la motivaron; los posibles nexos con el narco, bajo el pretexto de una salud a todas luces disminuida. El mes de junio que resulto brutal, ha dado cuenta también de la desaparición de Juan José Esparragoza “el azul”, hábil narcotraficante mexicano. Más ni la caída del chapo, ni la supuesta muerte del azul, han contenido la andanada de violencia en nuestro país, como tampoco han logrado frenar al Cártel de Sinaloa; en su categoría de institución matriz del crimen en México. Nuestra realidad, es tan vertiginosa como el paso de aquella pelota de futbol, que no se sabe si cederá ante alguna portería, o si la propia inercia la obligara a detenerse a la mitad del campo.

Pero el balón sigue su curso, y mientras en el mundial aún se hablaba de la mordida que el jugador Uruguayo Luis Suárez, había propinado a un contrincante italiano, en México, el gobierno no ha dejado de anunciar con bombo y platillo la detención de Fernando Sánchez Arellano, líder del Cártel de Tijuana. La conducta antideportiva de Suárez, es un factor más de escándalo, en el de por sí tenso ambiente de la Copa del Mundo Brasil 2014, pero en México, con la fiebre futbolera encima, la detención del capo tiene sabor de penalti fallido, y solo viene a reafirmar lo que en el fondo todos sabemos; el repliegue del poderosísimo e intocable Cártel de Sinaloa, frente a la escaza fortaleza de sus adversarios.

Con todo y el pase de México a octavos, luego de vencer a Croacia 3 a 1, el futuro de nuestra nación parece entrampado. Mientras hoy todos piensan en que la selección venza al rival más próximo, en el congreso los diputados, parece que se juegan en una cascarita el destino de un país; y todo sin hacer gestos.

Por lo pronto, el alza imparable de la gasolina, los impuestos y las tarifas incosteables de la luz, no cederán ante un tiro de esquina, ni un penalti con sabor a gol. Luego de tales reflexiones, cabe hacernos una pregunta; ¿quién se atreverá a sancionar a los malos árbitros que nos rigen?, no a los que pitan partidos, sino a los que dirigen los destinos de una nación en conflicto.

El balón seguirá rodando, y la pregunta seguirá abierta. Mientras tanto, entre pase y pase de los 11 héroes mediáticos, nos seguiremos moviendo desde la histeria futbolera, hasta el ansia ya añeja; de abrazar alguna vez la justicia.

 


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