H. Ayuntamiento de Puerto Peñasco

El Ciclo Vital de la Pareja

Vivamos nuestras relaciones en amor

En el artículo anterior escribí acerca de la necesidad que nos lleva a buscar una pareja y de la importancia de danzar entre cambios y acuerdos para sobrevivir, mencioné además las etapas por las cuales una relación de pareja adquiere crecimiento y evolución, las cuales son: Desprendimiento, Encuentro, La llegada de los hijos, La adolescencia de los hijos, El nido vacío (el reencuentro) y la Vejez. Explicando las dos primeras etapas como el inicio o la base de toda relación amorosa, en donde se decide, como su nombre lo dice, desprenderse del hogar paterno para formar el propio y reencontrarse con otra persona con necesidades distintas a las nuestras.

En el presente artículo retomaré la explicación de las etapas en el matrimonio, si no de manera profunda, sí con el firme afán de brindar información que pudiera ayudarle a comprender la situación con su pareja.

Continuando con dichas etapas, la tercera es la llegada de los hijos, la cual requiere de espacio físico y emocional; esto plantea la necesidad de reestructurar el contrato matrimonial, que se establece en el encuentro y las reglas que hasta entonces regían el matrimonio. Deberá contarse con la seguridad de que exista consideración y cuidados, en especial para la nueva mamá y su bebé, es decir, en la actualidad por lo regular papá y mamá participan de igual forma en los cuidados del bebé, sin embargo, lo óptimo en mi opinión sería que mamá estuviera en cuerpo y alma para el bebé y papá provea a mamá seguridad económica y emocional y pueda darse un adecuado maternaje durante los primeros meses. Con el embarazo y la lactancia se alteran las relaciones sexuales provocando distanciamiento y la economía se dispara, por ello es importante definir las labores de cada uno en el hogar y el trabajo para no confundir toda esta problemática real con falta de cariño o pérdida de deseo hacia la pareja, y así ocuparse desde ésta perspectiva de comunicación sana, de la educación de los hijos.

En la adolescencia de los hijos vemos que pueden aparecer fuertes dificultades, por ejemplo, la rivalidad que un padre puede llegar a sentir por un hijo varón o la inferioridad del hijo al no lograr alcanzar las expectativas de los padres; las madres en ésta etapa descubren que su hija adolescente ya no la encuentra tan hermosa y su hijo no la ve tan bella e inteligente, por el contrario se siente criticada y enjuiciada en su manera de vestir o de hablar, siendo ello el inicio de un adecuado desprendimiento de éstos hijos hacia la preparación de su edad adulta. En éste momento resulta muy importante renovar una vez más el contrato matrimonial y con apoyo mutuo entre ambos padres, superar el duelo del hijo que se va y contribuya a estimular el compartir como pareja.

El nido vacío, como generalmente se conoce, representa también el reencuentro de dos seres que estuvieron ocupados con los hijos; para éstas fechas casi siempre los hijos ya se han ido, los padres se encuentran ya cercanos a los 50 años de edad o más, y pueden tener el papel de abuelos, no queda otra salida que enfrentarse nuevamente con uno mismo y con el compañero, es ahora más necesario que nunca el apoyo mutuo entre los esposos para continuar en la búsqueda de nuevos estímulos y nuevas metas en el matrimonio, la sexualidad puede tomar un rumbo muy favorable si el reencuentro es positivo.

En la etapa de la Vejez, las nuevas generaciones no pueden entender dicho fenómeno y sus problemas, por consecuencia, no resulta fácil para la pareja enfrentar las pérdidas de sus seres queridos y su propia muerte, sin embargo, en la vejez se está tan vivo como cualquiera, se siente y se entristece por el rechazo del que es víctima, frecuentemente se observa que aquel esposo que siempre trabajó, una vez jubilado regresa a su casa, esta vez regresa para siempre, e invade los terrenos que antes sólo fueron del dominio de su esposa. Los mismos hijos no les permiten tener intimidad adecuada y se establece una sobreprotección donde no les permiten vivir en libertad, imponiéndoles cargas emocionales muy fuertes, pudiendo provocar ello una depresión. Se necesita, en ésta etapa, tener la habilidad suficiente para aceptar las capacidades así como las limitaciones.

Dicha aceptación tal vez llega hasta la vejez, como añadidura del largo camino recorrido y el aprendizaje, porque es en la aceptación del otro donde llegamos a reconocer nuestros propia imperfección, que al aceptarla podremos vivir más plenamente nuestras relaciones. Es por lo anterior que le invito a revisar qué necesita en su relación y cómo puede vivirla en comunicación y en crecimiento mutuo,  porque al final nosotros elegimos a nuestra pareja por algo que vimos y nos enamoró, ¡así que vivamos nuestras relaciones en amor!

Psic. Jaazia M. Ibarra

Instituto Om

jaazia@hotmail.com


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