H. Ayuntamiento de Puerto Peñasco

Estadios de futbol; monumentos a la malignidad

Vertebral

(13)BRASIL-BRASILIA-CONFEDERACIONES-PROTESTA

La próxima celebración de la Copa del Mundo Brasil 2014, así como los Juegos Olímpicos 2016, ha convertido a la emergente nación sudamericana en un verdadero botín.

La coalición de políticos y empresarios, ha quedado manifiesta en el tráfico de influencias desatado, debido a la construcción de estadios de futbol dentro de las 12 sedes contempladas en la próxima justa deportiva. Organismos auditores de aquel país, han detectado la sobrefacturación de costos de construcción por parte de empresas proveedoras del gobierno, en lo que se identifica como un tórrido romance financiero.

Las indolentes empresas constructoras y la FIFA, celebraran el próximo mundial, bajo la sombra de la ilegalidad, y las ostensibles violaciones a los derechos humanos. Para la construcción de los colosos, han sido ya desplazadas miles de personas de sus viviendas, otorgándoles en contraprestación indemnizaciones muy por debajo de lo que la ley determina, lo que ha provocado que la organización Amnistía Internacional, alzara la voz airadamente en más de una ocasión.

Tan solo a principios del 2014, se calculaba que el número de desplazados en Río de Janeiro, era superior a los 30,000. Y es que el gobierno de la Presidenta Dilma Rousseff, no se toco el corazón para la demolición de viviendas, y el desahucio de familias en total miseria, quienes han sido expulsadas a kilómetros de sus hogares; todo para que el magno evento luzca chic. Ante el escándalo mundial desatado por las cifras infladas de los constructores, Claudio Monteiro, Jefe de Comité de la Copa del Mundo en Brasilia, se ha negado a aceptar enfáticamente, que exista sobrefacturación en los costos. Sin embargo, las docenas de investigaciones y el arribo del caso a los tribunales, desmienten categóricamente el dicho del funcionario.

Se estima que la construcción del estadio sede de la Copa del Mundo en Brasilia, se triplico por el orden de los 900 millones de dólares. Tanto la Copa del Mundo, como la celebración de los Juegos Olímpicos, son ya un símbolo de malignidad y corrupción que ha motivado las protestas de cientos de personas en las calles de Brasil, quienes han advertido que los devaneos financieros de su gobierno, son tan monumentales como los estadios a construir.

El gobierno de Dilma Rousseff, señalado incesantemente por la corrupción imperante y la depredación ambiental, es responsable ya del desplazamiento ilegal, así como la siniestra coalición de funcionarios y constructores, todo en pos de una celebración que se antoja snob y dispendiosa. Queda muy claro, que la construcción de los estadios sobre los cinturones de miseria, fue siniestramente planeada con el fin de expulsar de limpiar el  mapa urbano; muestra brutal de un sincretismo que se antoja maquiavélico.

Si en los siglos pasados la iglesia en nombre de la evangelización, destruyó centros ceremoniales para sobreponer grandes templos en su lugar, negando así las tradiciones de los pueblos originarios, hoy el gobierno parece recorrer los mismos pasos. El propósito de las enormes catedrales construidas, era el de sorprender y atemorizar a los indios, quienes presa del miedo y la persecución, no tuvieron más remedio que acudir al bautizo. Aunque no podemos denostar la aportación cultural de tal embellecimiento durante los siglos venideros, tampoco negaremos que dicha fe religiosa, sentó sus reales sobre la sangre y el derecho de los pueblos originarios a ejercer libremente sus costumbres milenarias.

Hoy claramente, los estadios de futbol construidos en Brasil en virtud de la Copa del Mundo, son una muestra más del empoderamiento de la ignorancia, y la corrupción, entronizada en el mundo como un supra gobierno. Gracias a la actitud cruel del gobierno de Brasil, las empresas constructoras se embolsaran millones de dólares, producto del latrocinio administrativo. Pero nada de esto es gratuito, las docenas de investigaciones federales entorno a la construcción de los estadios, evidencian que los empresarios se cobraron a lo chino, las enormes aportaciones a las campañas políticas que financiaron.

No es la primera vez que sucede esto en Brasil, ya en anteriores ocasiones organismos ambientalistas e investigadores, han alzado la voz entorno de la depredación de la Amazonia (por ejemplo) a cargo de empresarios “agroindustriales”, quienes ponen y quitan diputados, esperando que a la postre la ley les favorezca, en el oscuro propósito de ganar destruyendo el medio ambiente y la fauna.

En medio de la vorágine, las protestas no han dejado de sentirse. Además catedráticos, intelectuales y personajes famosos, se han sumado a los extrañamientos internacionales por los excesos cometidos, argumentando que el amor por el futbol, ha servido como estandarte a la represión y la ilegalidad.

Levantar monumentos a la ignorancia, es parte ya de la agenda del gobierno de Brasil, cuyo liderazgo en América Latina, queda empañado ostensiblemente con esta clase de violaciones. Especialistas, estiman que cuatro de los estadios construidos, se consideraran ociosos luego de la celebración de la justa, puesto que las localidades no están en posición de soportar su manutención. Luego de conocer esto, cabe hacerse algunas preguntas; ¿Qué pasara con las miles de personas desplazadas? ¿Qué utilidad tendrán los colosos luego del magno evento internacional? ¿Es necesaria tal muestra de brutalidad? ¿Lo vale un festejo marcado por la desaprobación de la comunidad internacional?

Hasta el más ingenuo de los ciudadanos advierte la respuesta de tan grave afrenta; dinero, dinero y más dinero. La construcción de esos estadios en Brasil, sienta un terrible precedente ante la comunidad, la cual tendrá que recetarse un festejo con sabor de engaño, en donde todos ganaran menos el deporte.

Los equipos de futbol, azotados por la mafia de las apuestas, y el lavado de dinero. Los estadios, que pudieran ser un monumento a la integridad del deporte, convertidos en enormes burdeles, templos construidos a un poder inmisericorde, ciego y sordo. Mientras ello ocurre, los gobiernos del Siglo XXI con honrosas excepciones, continúan recortando el presupuesto a la educación y la cultura. ¿Estadios o circos romanos en donde cotidianamente, masivamente, se renuncia al poder del pensamiento y la conciencia?

Esos estadios, son en realidad mausoleos de lujo. Sitios donde el diálogo y la democracia han sido ignorados, y sin embargo, cientos de fanáticos gritaran gol al unísono, cuando se logre cometer un crimen que no termina aún de consumarse.

La opinión del ciudadano no importa. Su derecho a disentir no importa. El  derecho a la tierra y a la paz, intercambiado por una red, en un arco que no es ni será el del triunfo.


* * *




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Anúnciate en Peñasco Digital

 

¿Quires anunciarte en Peñasco Digital?

Aquí puedes descargar nuestras tarifas.

Email de contacto: publicidad@peninsulardigital.com.