Fidel

Vertebral

1979, un hombre traspasa el umbral de la ONU, frente a él, el público se levanta como impulsado por un extraño resorte. Los aplausos invaden su derredor, más él avanza con firmeza hacia la tribuna, donde en breve tiempo ha de encender las conciencias de todos los presentes.

No se trata de un hombre cualquiera, sino de Fidel Castro, “el comandante”, quien entrelazando sus manos en un gesto de victoria, acepta el homenaje con devoción. Veinte años atrás, el triunfo de la Revolución Cubana lo había colocado en la cima de la opinión pública; todos querían estar con Fidel, tomarse una foto con él, tocarlo para sentir que era real.

En el 59, aunque con ciertas reservas, fue recibido en los Estados Unidos. En las calles, la gente se arremolinaba a su paso, “ahí va el Cubano que derroco a Fulgencio”; decían. Y la figura del comandante se extendió por todo el orbe, como un símbolo de resistencia, más no una resistencia ideológica o simbólica; sino aquella que hasta en el más prudente de los silencios; se torna avasallante por sí sola.

Y cómo no. Se trata del hombre por quien la revolución triunfó, el mismo que vivió casi dos años de presidio, aquel que dijo “la historia me absolverá”, y así fue. Aunque la historia aún no concluye, es evidente que no solo fue absuelto, sino además enaltecido y reivindicado.

Eran los años 60’s, cuando los dueños del Hotel Shelbourne le solicitaban que abandonara el lugar por ser “persona non grata”, entonces, aquel joven tozudo se habría ido a refugiar al Hotel Theresa del legendario Barrio de Harlem, y desde ahí, acogido como héroe por Malcolm X, Nehru, Abdel Nasser y Kruschev. 35 años después en una entrevista improvisada, Fidel declaraba su amor por aquel barrio neoyorquino, que según sus propias palabras “cuando no teníamos donde parar en Nueva York, aquí nos recibieron y eso no se puede olvidar”. Aquella visita marcaba el punto de tensión diplomática más álgido entre los dos países; lo demás ya lo sabemos, “Bahía de cochinos”, los doce días de miedo; la Guerra Fría pues.

Pero para entonces, Fidel ya lo había hecho casi todo. Desafió al gobierno de Batista. Desde el Cuartel de Moncada, llamó al pueblo a la rebelión, y aunque entonces no triunfó, la sombra de aquel “Moisés Cubano” que guiaba a su pueblo a una victoria histórica; crecía sin detenerse. Antes del Mayo Francés y la Revolución Cultural del 68, ya Fidel había cruzado los mares en el Granma; para gritarle al mundo que la dignidad y el pundonor no habían fenecido.

Aquella revolución resultó inspiradora para todos. Sentó las bases de las futuras alianzas entre países no alineados, y se expresó como un abrevadero cultural y creativo del cual brotaron poesía, música; y un permanente símbolo de lucha contra el imperio. La voz contestataria fue siempre la de Fidel, quien no conforme con el triunfo prefirió declararse comunista, a fin de encontrar un lugar que lo situara en franca oposición a un enemigo; que no cesaba de oprimir a la isla.

Desde entonces, la sola presencia del comandante fuera de Cuba provocaba verdaderos tumultos. Así fue en el 59 o 1960 en Nueva York, en el 79 o en el 95 en la ONU. En Harlem, en México o en Argentina, en Sudáfrica o en la URSS, aquel coloso barbado cruzaba los caminos como si de interminables alamedas se tratara.

 “¿Por qué unos pueblos han de andar descalzos para que otros viajen en lujosos automóviles?, ¿Por qué unos han de vivir treinta y cinco años, para que otros vivan setenta?, ¿Por qué unos han de ser míseramente pobres, para que otros sean exageradamente ricos?; hablo en nombre de los niños del mundo que no tienen un pedazo de pan”; sentenciaba Fidel Castro en sus célebres alocuciones. La claridad de sus palabras, está exenta de parábolas o alegorías. En alguien más tales arengas resultarían por demás estériles o aburridas, pero en voz de quien encabezó una lucha, la convirtió en revolución, para luego modificar el curso de la historia; resulta realmente emotivo escucharlas.

Épica es la palabra adecuada, que define como ninguna la trascendencia de la lucha inacabada de Fidel Castro Ruz. En pleno Siglo XXI, sigue siendo lo más cercano a un gladiador romano, un caballero medieval o un cruzado. Su lucha demostró no ser contraria únicamente al mal gobierno de Batista en su país. A lo largo del tiempo abrazó el ideal libertario y justiciero de los países africanos en situación de miseria, convirtiéndose la suya, en la voz moralmente más acreditada para acudir en su defensa innumerables ocasiones.

Aunque su permanencia en el gobierno ha sido duramente criticada, lo cierto es que un número muy amplio de sus connacionales siguen pensando que su lucha ha sido legítima. Por otro lado, si el régimen de Castro fue el blanco de ataques y bloqueos de los Estados Unidos y los países alineados, tuvo su presencia que resistir con coraje los embates, y trascender el tiempo junto con los hechos. Es decir, si el imperio y sus medidas criminales no se fueron, Fidel Castro tampoco; hasta el último momento.

Pese a su edad, la voz de Fidel Castro sigue retumbando con fuerza frente a un sistema que ha radicalizado sus métodos de alienación. Se trata de un personaje que ha sobrevivido a un centenar de atentados, diez presidentes de los Estados Unidos, una Guerra Fría y la caída del comunismo, sin que ello mermara su enorme capacidad de convocatoria. Eisenhower previó su caída, alentando movimientos para disolver su gobierno, Kennedy continuó con la ofensiva, cambiando ligeramente de estrategia. El resto de los presidentes arreciaron las agresiones comerciales contra la isla, y aunque lograron aislarla, Fidel y su pueblo resistieron.

El fracaso de la invasión a Bahía de Cochinos, la detención de los mercenarios y su juicio en Cuba resultaron de antología. No contento con haber vencido a los Estados Unidos en aquella intervención, Fidel enjuició a los sobrevivientes anticastristas que participaron en la invasión, y luego los entrego a aquel país a cambio de medicinas y alimentos. La situación no podía ser más humillante para aquellos mercenarios, que recibieron el trato de traidores, usados como moneda de cambio finalmente. El hecho supuso un hito en la historia, pues un país considerado inferior al más poderoso del orbe, lo vencía en un histórico duelo marcado por la desigualdad. Era David venciendo a Goliat pero también, el pensamiento libertario de Martí, el talento de Fidel para la guerra, y el poder estratégico de las Fuerzas Armadas Revolucionarias; una muestra más de dignidad y pundonor.

A partir de tal suceso, los bonos de Fidel crecieron alrededor del mundo, pero también las leyendas en torno a su persona. Que si tenía pacto con el diablo, que si era un títere de los rusos, que si la Santería lo protegía de la muerte; un largo etcétera. Kennedy por su parte, no sobrevivió al desprestigio internacional y el hecho allanó el camino a sus enemigos, quienes tiempo después lo asesinarían, pagando de tal manera su afrenta al Complejo Militar Industrial.

Pero el asesinato de Kennedy, tiene un contexto simbólico frente a la figura de Fidel Castro. En el complot que originó su muerte, los operadores con gran astucia, buscaron involucrar a grupos de paramilitares cubanos anticastristas, así como a integrantes de la mafia, situación que enrareció el ambiente del momento. Tras la muerte de Kennedy, muchos voltearon a ver a Fidel con suspicacia, pero lejos de estar involucrado, Fidel también fue una víctima del magnicidio. Al asesinar al presidente, los autores de tan deleznable crimen borraron de la faz de la tierra a un negociador responsable, y enemigo de las soluciones radicales que luego ellos impulsaron. Asimismo, el asesinato les permitió redireccionar la política exterior de los Estados Unidos a un contexto mucho más adverso, pero acorde con los nuevos intereses. Era como decir; “ahora las reglas las imponemos nosotros, y el que se oponga ya sabe a lo que se atiene”.

“No se puede hablar de paz, en nombre de decenas de millones de seres humanos, que mueren de hambre y enfermedades curables en todo el mundo”. “No se puede hablar de paz, en nombre de 900 millones de analfabetos”. “Basta ya de hablar de un nuevo orden económico internacional especulativo, que nadie entiende”, señala el comandante, mientras su sombra crece entre las paredes de la ONU. Interrumpido por los aplausos de los asistentes, se toca la barba en tono reflexivo, gesticula, sus mandíbulas de guerrero de piedra, pronuncian palabras, que como dardos se hunden en las conciencias de quienes le escuchan. Fidel Castro, es el pensador que se vistió de soldado pero también, ese uniforme le recuerda al mundo que la lucha no termina, sino que permanece en tanto la desigualdad sea perenne.

En todo caso, luchar así se vuelve un oficio de valientes, de seres que tocados por el heroísmo, no dudan en ofrendar su vida por la libertad. Cuando Fidel deja de hablar, parece que el techo se viene abajo, de pie, el público se convierte en una turba que aplaude como histérica el triunfo del gladiador sobre los leones.

Entonces aquel hombre alto y virtuoso, se aleja lentamente por la misma puerta. Es la puerta de la historia que no se abre ante cualquier mortal sino que muy lentamente, se va entreabriendo alumbrada por un haz de luz, en espera de que algún otro valiente acepte el desafío.

Pero Fidel también es la voz de la contracultura. Se eleva junto a la vanguardia que busca rebasar el estado de cosas, cuando este se convierte en sinónimo de tiranía y opresión. Ha demostrado que ni el tiempo ni la adversidad, pueden acallar la voz de la conciencia, y que ante la sombra del autoritarismo, se oponen con firmeza la voluntad y el valor.

La revolución de Fidel Castro es una revolución viva y permanente, ejemplifica la maravilla de la naturaleza misma, que no concibe la abundancia sin equilibrio, ni la belleza sin armonía; volvió al soldado artista y al sabio idealista. Representa por otro lado, el triunfo del pensamiento, frente a la vaguedad supersticiosa del destino. Es un valiente que con sus manos de forjador, no acepta el silencio por respuesta, ni concibe la sumisión como forma de vida.

Desde Cuba hasta Rusia. Desde México (donde se preparó como soldado), hasta el barrio de Harlem donde su imagen se quedó grabada en las paredes de los callejones. De Sudáfrica donde fue libertador junto a Mandela hasta la ONU, que aún guarda la voz que en tono implacable, rebota en los oídos de los beneficiarios del imperialismo. Desde Sierra Maestra hasta Angola, Fidel Castro y su obra de vida, seguirán ratificando la existencia del profeta de la revolución, pues tal como dijo “El Che”; “el escalón más alto que puede alcanzar la especie humana, es ser revolucionario”.

 


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