H. Ayuntamiento de Puerto Peñasco

Los primeros 30 sin Cortázar

The Birth of Jazzuela

The Birth of Jazzuela: 30 años de síncopa luctuosa versus 100 años de nacimiento cronopial.

The Birth of Jazzuela: 30 años de síncopa luctuosa versus 100 años de nacimiento cronopial.

Ciudad de México.- El cielo o el infierno, el 6 o el 7, el algodón bluesero o las florituras de jazz, el capítulo 7 o el capítulo 68, la música o las letras, el fuego de todos los fuegos o las perras negras de nadie, los matices o las dicotomías, Oliveira o la Maga, el nacimiento de Julio Cortázar o la muerte del Cronopio.

Estudios van y vienen acerca de ‘Rayuela’ y esa acumulación no explica nada. Y no explica nada porque las dicotomías de la obra apuntan, más bien, a un ejercicio de deconstrucción. Una típica trampa de escritor, parangón del truco de magia, para poner a prueba al lector.

¿Entonces cómo acercarse? Maneras sobran, si nos atenemos al teorema del lector macho de Cortázar. Según ese edificio teórico, cada lector hace de la obra algo particular, íntimo e intransferible. A la postre, única experiencia válida de cualquier lectura, o mejor dicho, apropiación estética.

Morelianas aparte, este texto propone el entendimiento de Rayuela desde sus elementos jazz. Negación, en primerísimo lugar, del intento de catálogo de referencias cultas. Complemento, si se permite, de aquella imagen de Vargas Llosa en su prólogo intitulado “La Trompeta de Deyá”. Imagen que retrata a Cortázar como un demiurgo infantil rodeado de burbujas melódicas.

Para tales efectos, comencemos por negar la parafernalia, la pedantería del escucha promedio de jazz. Neguemos los comentarios doctos y eruditos de los clubs literarios. Neguemos los programas especializados, las corazas culturales y los escudos informativos. Regresemos al jazz, no como construcción; sino como sentimiento, a manera de cosmovisión.

Toda cosmovisión, por principio y vocación, necesita del artefacto de la definición.  On & on… Pero no cualquiera. No armónica, no rítmica; mucho menos melódica. Más precisamente: una definición-síncopa. Una en la que crispen las palabras, una en la que el interlineado y el tracking de las letras se sientan en el pentagrama. Una definición que se salga del recital para convertirse solfeo. On & on…

Bop, bop, bebop… Es el sonido de la porra de un policía contra la cabeza. Parker así lo refería en los cuarenta. Bop, bop, bebop… un maelstrom infinito de rollo de papel en la carretera. Así lo vislumbraba Kerouac. ¿Clint Eastwood? Una tragedia de héroe de heroína con  perspectiva de raza. Otaola, de esta melodía que nunca termina, lo ha expresado en una aplicación informática. Una definición más: el Gotan Project le añade un bemol a la síncopa, el indómito Tango.

Rompamos, pues, una dicotomía más que ¿qué más da? ¿Jazz cool o jazz hot? Ninguna de las dos… Juguemos a las categorías. Vayamos juntando las notas en el pentagrama, escuchemos la música que se filtra por entre las letras. La jazzuela es una deconstrucción-construcción (perras dicotomías), un vacío que se cuelga en la boca del estómago y se convierte en una mano que rasga la garganta. Una metodología más que una forma, Charlie Parker convertido en el Perseguidor, un saxofón peregrino y una trompeta enloquecida, la muerte que es vida… 30 años de síncopa luctuosa versus 100 años de nacimiento cronopial.


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