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Nuevos Partidos Políticos, surtido rico

Nuevos Partidos Políticos, surtido rico

REGISTRO

Como si no fuera ya demasiado obesa, la costosa democracia mexicana admitió recientemente, el salto a la palestra de tres nuevos Partidos Políticos, Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), Partido Humanista (PH); y Partido del Encuentro Social (PES).

El titular del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova, anunciaba con bombo y platillo el otorgamiento de los registros, con la siguiente afirmación; “Los ciudadanos son los que otorgan el registro y son ellos los que también pueden quitárselos a través de sus votos”. Sin embargo, Córdova olvida que con la existencia de un Poder Legislativo imperial, sin el consenso de una ciudadanía a la que dicen representar, y sin métodos de comunicaciones eficaces y de presión entre ciudadanos y legisladores, esta democracia corporativa, promete no bajar hacia los súbditos en ningún momento.

Aquellos que veían con escepticismo el otorgamiento del registro para MORENA, y que hoy lo celebran; tampoco deberán cantar victoria, pues dicha decisión tomada desde los más altos niveles del poder en México, como se dijera coloquialmente; trae jiribilla. Se trata sin duda, de una estrategia más que probada por el Sistema Político Mexicano, en su larga aventura por la manutención del poder en nuestro país. Nuevamente, el todavía longevo presidencialismo, ha demostrado que la mejor manera de debilitar a la oposición; es ganarle cediendo espacios.

No es la primera vez que nuestras instituciones, aprueban la conformación de nuevos institutos políticos. El ejemplo más destacado, lo apreciamos durante el régimen de Carlos Salinas de Gortari, el cual; aprobó el registro del Partido Verde Ecologista de México, en 1993, y por otro lado; el del Partido del Trabajo, con una intentona en 1991, y con registro definitivo en 1994. La historia nos demuestra, que aunque el origen de los llamados partidos pequeños fue inicialmente una clara intención por la participación en la vida democrática del país, a la postre, se convirtió en parte del establishment. Unos, a la búsqueda de la permanencia electoral sin sustancia, y otros, por hacerle el juego al poder en turno; con la cesión de cuotas que todos conocemos.

Lamentable ha sido la experiencia partidaria en nuestro país. Como si la proliferación de institutos políticos, garantizara el rejuvenecimiento de una transición muerta al nacer, un sistema por demás permisivo con los aliados, y tremendamente duro con los reales opositores, ofrece nuevos juguetitos al mejor postor. Mientras que el fantasma del abstencionismo, sigue creciendo con voracidad en nuestro país, para el Instituto Nacional Electoral los nuevos registros, son muestra de un verdadero acontecer democrático. En pocas palabras, mientras haya fichas habrá juego, como si la izquierda, la derecha y hasta el centro; no estuvieran ya sobradamente representadas en el Poder Legislativo, el pesado e inoperante entramado electoral logra fortalecerse; en detrimento de una real participación ciudadana.

 

El Sistema Político Mexicano, reconocido por sus incontables vías de salida, y sus muy pocos accesos, se comporta como aquel padre irresponsable que cuando se entera que su hijo ha sacado malas notas en la escuela, solo atina a premiarlo otorgándole dádivas, en lugar de formarlo interiormente. Como en el juego de las cartas, se trata de un cochupo ya conocido, pero altamente eficaz para quienes suelen aplicarlo.

Si el pueblo quiere democracia, pues total, que cada quien invente su partido político, que por otro lado, el gobierno sabrá si aprueba en medio de incontables sesiones burocráticas que nadie entiende, y que si tiene éxito, recibirá al final del cuento incontables recursos económicos, y aparejado a ello la posibilidad para dicho sistema, de silenciar las reales intenciones de modificar el estado de cosas. Al final, a un sistema ocupado en operar las reformas radicales, lo que le preocupa es que la zona de confort pueda desaparecer. Por eso, en el accidentado camino de una democracia teledirigida como la nuestra, cuando se habla de sociedad civil organizada, aparecen reglamentos, trabas, sesiones y olvido.

Es probable, que el asunto de los registros a los nuevos partidos políticos, haya sido una situación operada desde el cerebro maquiavélico de los señores de la alta política, para los cuales, da lo mismo hablar de tasas de interés, que de la magra pobreza en México en pleno Siglo XXI. Cuando el innegable liderazgo de Andrés Manuel López Obrador parece no ceder ante un poder fortalecido desde el desinterés y el olvido, aparecen otros dos partidos de nombres exóticos, dispuestos a minimizar el triunfo de una sociedad civil que aunque aún escasa, ya parece tener una representación en MORENA. Es como el viejo cuento del marido muerto, que deja una cuantiosa herencia y al que en pleno ejercicio del funeral, le aparecen tres diferentes viudas, y todas exigiendo su parte pecuniaria; todas dicen tener su derecho y al final las tres, logran el reparto de la herencia, cual botín de piratería se tratase. Eso parecen ser ya los Partidos Políticos en México; botines ofertados al mejor postor, ideales como changarros, negocios familiares o franquicias millonarias.

Carlos Salinas de Gortari, con su inteligencia fuera de toda discusión, supo como pocos utilizar el contragolpe del adversario, para fortalecer su imagen en el camino. Si la oposición solicitaba espacios, él se los otorgo bajo la sombra de las concertacesiones, el acuerdo secreto y la concesión de un poder que siendo tan amplio e ilimitado, admite la presencia aún de aquellos, que parecen solo superficialmente, actuar en diametral oposición a su verdadero principio rector.

Así pues, esas oportunas concertacesiones, marcarían el origen de las futuras alianzas que hasta al más humilde de los observadores de la política nacional, le resultan inadmisibles. Hoy el tejido putrefacto de dichas alianzas, ratifican el fracaso de la pretendida democracia mexicana, sustituida a la suerte, por un corporativismo político tan falaz, como ofensivo a toda inteligencia medianamente sana.

La existencia de los Partidos Políticos llamados “satélites”, que en realidad han sido comparsas del poder en turno, se remontan a la política posrevolucionaria. Así sucedió con el Partido Comunista Mexicano, que apoyo sin concesiones a Plutarco Elías Calles en 1923, y al propio Álvaro Obregón en 1926, siendo el caso también del desaparecido Partido Popular Socialista (PPS), que desde su fundación y a excepción de dos ocasiones, respaldo incondicionalmente a los candidatos del PRI a la Presidencia de la República. De tal manera, hoy tenemos Partidos Políticos que en sus principios y dichos se dicen de oponentes, pero que al incursionar con éxito en el erario público alcanzan la denominación de Partidos Políticos de oposición sí; pero oficialistas al final de cuentas.

 

Al ritmo de la noticia del nacimiento de los tres nuevos Partidos Políticos, se anunciaba también la asignación de recursos por el orden de los 36.3 millones de pesos en prerrogativas a cada uno, lo anterior solo contemplando de los meses agosto a diciembre, lo cual es un verdadero insulto en un país que no sale de las “vías de desarrollo”, y cuya tasa de pobreza e ignorancia espanta a cualquiera. Mientras que la participación ciudadana recibía con la noticia un nuevo revés, Andrés Manuel López Obrador anunciaba su deseo de contender por tercera ocasión en la búsqueda de la primer magistratura, pero de candidatos caudillescos estamos más que hartos en este país. Para sus múltiples seguidores, López Obrador “se está sacrificando” por el futuro de las próximas generaciones, encabezando un proyecto que busca la equidad y la justicia para todos, más para sus no pocos detractores, se trata de un loco con aires mesiánicos, que se equipara en ambición con el malogrado Cuauhtémoc Cárdenas, reconocido por su obsesión eterna, por alcanzar la silla presidencial.

Ante un escenario donde nuevos institutos políticos aparecen y desaparecen sin ton ni son, al lado de la irresponsable marejada de recursos que los motivan, cabe agregar que ese juego resulta iluso, caro y persistente, pero inútil al final de cuentas para una sociedad que busca avanzar. Queda claro el papel del Sistema Político Mexicano, como eterno rector de las conciencias de la ciudadanía, y de los paupérrimos (mentalmente) líderes que buscan representarlos. Este prestidigitador hábil y ambicioso que habilita o nulifica a todos los pretensos, sigue siendo el soberano Tlatoani de esta castigada nación, un verdadero gallo que a la distancia; no parece haber perdido una sola de sus plumas.

 


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