H. Ayuntamiento de Puerto Peñasco

Un joven indignado

Vertebral

En la nota

Todo está listo para el acto de Promulgación de la Reforma Energética, La clase política y empresarial, abarrota el Salón Tesorería de Palacio Nacional. A pesar del gran dispositivo de seguridad, prevalece en el lugar un aire de expectación, la “calma chicha” que podría ilustrar un hecho lamentable.

El Presidente Peña Nieto ingresa. Los del presídium se ponen de pie, esperando aunque sea, un tímido saludo del titular del Ejecutivo Nacional. Condescendiente con sus aliados Peña se toma su tiempo; se luce estrechando las manos y palmeando los hombros, se sabe protagonista de un momento tristemente histórico.

Al momento de firmar se escuchan algunas consignas, pero Peña ni las ve ni las oye, se concreta a recibir el aplauso de la clase política convidada; los mismos que le miran con incredulidad esperando algún tropiezo verbal, pero esta vez, el presidente no tartamudea.

Al fondo, un joven anónimo se levanta como de rayo, sus gritos atraen la atención de los asistentes, interrumpido; el presidente titubea pero consigue reponerse. El espíritu de la furia, toma el cuerpo del joven quien grita; “¿Por qué no nos pediste la opinión sobre la reforma energética?”, “ya inicio el movimiento y vamos a tirar a tu gobierno”. “Yo voy a transformar este país, voy a ser presidente; y vamos a acabar con tu gobierno”. Entretanto, los elementos del Estado Mayor Presidencial sacan a empujones al osado joven, mientras los reporteros le piden su nombre; ¿Cómo te llamas?, -Daniel Vázquez Aguilar, grita el iracundo muchacho.

Los corresponsales extranjeros se miran unos a otros. Algunos asistentes aplauden, otros chiflan, pero la gran mayoría se conmociona ante los gritos y la osadía de aquel joven hasta entonces desconocido.

Peña Nieto continúa con su discurso. Dice que México se modernizará, que entrara al gran mundo de la competitividad, que habrá más inversión y el país mejorara. Mientras que sus palabras rebotan como sentencias en las paredes del salón, recuerdo la frase de una connotada periodista, que señalaba de manera lacónica; “la reforma energética ya está consumada, no importa el debate”.

Entonces, pienso que el espíritu (¿inmundo?) de Plutarco Elías Calles, el “Jefe Máximo”, se debe haber paseado con gusto, por entre los recovecos de Palacio Nacional. Puedo ver sus ojos que no cesan de moverse al ritmo de su desmedida ambición, la sonrisa retorcida y fantasmal, motivada por su gran poder. Sin embargo, y a diferencia del Maximato, este es un régimen sin sal ni pimienta. Se acabaron las grandes convenciones donde la orquesta del pueblo tocaba al son de las marchas políticas. Hoy el poder se ejerce a “calzón quitado”, ante la franca inconformidad de la mayoría de los mexicanos. El poder actualmente, se ejerce desde el centro de una minoría suprema; de nuevo la clase política, privilegiada con altos sueldos y dietas ofensivas.

“Ser joven y no ser revolucionario, es una contradicción hasta biológica”, diría Salvador Allende (1908-1973), en aquel atronador discurso pronunciado en el año del 72 en la Universidad de Guadalajara. 41 años después, un joven indignado de nombre Daniel Vázquez Aguilar, demostraría le eficacia de las palabras de Allende. “Voy a ser presidente, y vamos a acabar con tu gobierno”. La frase de un joven que parece imberbe, y el cual se enfrenta al poder político con la única fortaleza de su rebeldía, resulta estremecedora para cualquiera.

Hace 84 años, otro joven también se enfrentaría con igual valentía al régimen. Se trataba de Adolfo López Mateos (1910-1969), el cual en el año de 1929, habría apoyado la campaña presidencial de José Vasconcelos (1882-1959); por el Partido Antirreeleccionista. El estoicismo del liderazgo Vasconcelista, llamo la atención del joven Adolfo, quien conmovido por el gran intelecto del maestro oaxaqueño, se ofreció a ser el orador de su campaña. Pero el saldo de aquella aventura, habría resultado triste para ambos personajes.

Pascual Ortiz Rubio (1877-1963), candidato del oficialista Partido Nacional Revolucionario, habría resultado triunfante con el 93.55% de los votos, frente a un apenas 5.32%, de Vasconcelos. Herido en su amor propio, Vasconcelos acusaría las elecciones de fraudulentas, invitando el pueblo de México a la revuelta. Sin embargo, el país que buscaba estabilidad luego de los incontables conflictos, no acompañaría a Vasconcelos a su incierta aventura. Lastimado, Vasconcelos se arrojó al exilio calificando al pueblo de México de cobarde. La suerte del joven López Mateos no sería diferente, perseguido por un régimen autoritario y violento, hubo de abandonar el país rumbo a Guatemala temporalmente. En medio de aquella terrible persecución de la que fue objeto, el joven nacido en Atizapán de Zaragoza; habría jurado dirigir los destinos de México algún día.

La historia por su parte, juzgo duramente a Pascual Ortiz Rubio. Hubo de soportar la burla popular, de quienes le llamaban “el nopalito” (por baboso), encabezando una muy gris gestión presidencial. Subordinado eternamente a la figura de Plutarco Elías Calles (1877-1945), el pueblo de México habría creado en su honor una frase tan ilustrativa, como cruel; “el que vive en esta casa, es el señor presidente, pero el señor que aquí manda; vive en la casa de enfrente”.

En 1958, Adolfo López Mateos se convertía en el Quincuagésimo Octavo Presidente de México, logrando el objetivo de aquella vieja promesa. Atrás quedaban los años de la clandestinidad y la persecución. El joven que le había jurado lealtad suprema a la nación, prometiendo dar su vida por la libertad años atrás, se había convertido en hombre; haciéndose con la máxima magistratura del país. Aunque López Mateos no derribó al régimen contra el que peleó de joven, si encabezó una presidencia productiva. Durante su mandato, Se nacionalizó la industria eléctrica, se crearon museos, bibliotecas e instituciones culturales de gran valor.

López Mateos, tuvo la visión de colocar como Secretario de Educación Pública a Jaime Torres Bodet (1902-1974), quien había sido Secretario Particular de José Vasconcelos, y el cual continuaría con la gran labor de alfabetización iniciada por este en el país. También, creó la Comisión Nacional de Libros de Texto gratuitos, nombrando al intelectual Martín Luis Guzmán como presidente de la misma, esto; entre muchas otros logros sociales, y una atinada política exterior.

¿Lograra el joven indignado de Palacio Nacional convertirse en Presidente de México algún día como lo hizo López Mateos? No lo sabemos de cierto. Ya no hay un Vasconcelos que encabece una cruzada nacional por la educación y la dignidad nacionales. Tampoco un Torres Bodet capaz de hacer florecer la cultura. Hoy la mayoría de los intelectuales, son hombres de edad avanzada separados de los jóvenes por la infausta brecha generacional. Sin embargo, la justicia es atemporal, la dignidad es in tempo espacial, su búsqueda amerita todas las luchas y los esfuerzos; no hay brecha ni abismo que pueda contenerla.

¿Sonreirá de nuevo el espectro de Plutarco Elías Calles en medio del gran salón, donde los integrantes de la clase política han sido domesticados? ¿Dejarán de ser alguna vez la pobreza y la ignorancia los principales presupuestos de un sistema político tan arbitrario? ¿Cuándo amanecerá en este país? ¿Cuándo realmente, el águila que nos simboliza torcerá el cuello de las víboras para luego cruzar el cielo triunfante?

No lo sabemos de cierto pero mientras tanto, todos queremos gritar con Daniel Vázquez Aguilar en Palacio Nacional. Rozar sus manos mestizas y sentir su fuerza. Que algo de aquella mermada dignidad nos acompañe alguna vez. Mientras tanto, aquí seguirá el México agraviado; en espera de la reivindicación que todos anhelamos.

 


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