En el país de lo ridículo

Vertebral

“El secreto de poner en ridículo a las personas reside en conceder talento a aquellos que no lo tienen.”

Atribuida a la Reina Cristina de Suecia.

En el país de lo ridiculo.

En el país de lo ridículo, no se distingue ya lo público de lo privado. En medio de los innumerables escándalos de corrupción, quienes rigen los destinos de México, han pasado ya a engrosar la fauna farandulesca, enriqueciendo el triste argot popular de nuestro país con sus vergonzosos lapsus. La penosa farándula mexicana, es la principal proveedora de actores que no actúan y cantantes que no cantan, elevando a grado de consorcio su relación con los políticos, a los que a la sazón, también proveen de matrimonios arreglados imposibles de percibir como reales. La descomposición se advierte en cada esquina y los ciudadanos, hartos de los excesos de la clase política gobernante, han buscado hacerse de herramientas que les permitan defenderse de la injusticia, tales como las redes sociales y la “denuncia ciudadana”. Pero la insaciabilidad de nuestro gobierno es ilimitada, al igual que su corta mira y sensibilidad. A pesar de los múltiples llamados de las Organizaciones no Gubernamentales, Organismos Internacionales de Derechos Humanos, y la desaprobación internacional de los medios más acreditados, la coalición de intereses que ha superado ya a los Partidos Políticos, ignorando el fondo y la forma para instaurarse en las personalidades y los intereses transnacionales, no ha dado un paso atrás en su afán de “seguir moviendo a México”.

En medio de la peor crisis de credibilidad que enfrenta la institución presidencial, esa misma coalición de intereses que gobierna nuestro país, parece haber cooptado a la izquierda oficialista representada tradicionalmente por el PRD, impulsando como dirigente a Agustín Basave, que fuera consejero de Luis Donaldo Colosio y quien por cierto, ya ha anunciado nuevas alianzas con el PAN las cuales tendrán que darse según explicó, “para el desarrollo de México”. De tal manera, la paupérrima democracia mexicana ha pasado a convertirse en otro de los mitos geniales de nuestra desequilibrada cultura política que tiene como base precisamente, la preeminencia de la partidocracia y la insaciable sed de poder que la caracteriza. En el país de lo ridículo, la única realidad posible es la pobreza y la inequidad, el despojo en pleno Siglo XXI y el enaltecimiento del desarraigo, aparejado a la compra de conciencias siempre en aras de la próxima elección política. La aparente toma de conciencia por parte de la “clase media informada” de nuestro país, contrasta tremendamente con la ignorancia de los grupos marginados que sobreviven en las ciudades perdidas, muchas veces al margen de los suburbios de lujo para los que ellos mismos trabajan. La nueva tendencia de los poderosos empresarios de México, es la segregación de los ciudadanos a los que aíslan so pretexto de grandes inversiones hoteleras y carreteras de gran nivel, buscando en realidad la preeminencia de los destinos turísticos estilo búnker, con bienes y servicios “para los pobres”. Esa misma tendencia por segregar la zona urbana de las llamadas zonas doradas, es una clara muestra de que la pretendida democracia feneció al ritmo contante del dinero, y que los ciudadanos pagan impuestos y también, pagarán ya por un aislamiento de lujo.

Pero esto no acaba aquí. En el país de lo ridículo, la ignorancia gana territorio, sin que México haya podido disminuir su tasa de analfabetismo al 50%, lo anterior según cifras de la UNESCO dadas a conocer durante el 2015. La observación del organismo de educación y cultura también iría en el sentido de la mala calidad del aprendizaje en nuestro país, y la desigualdad persistente entre la zona urbana y rural, aumentando una brecha cada vez más poderosa.

En el país de lo ridículo, los cantantes de narcocorridos reciben trato de finas personas, son recibidos por los gobiernos en turno e incluso, invitados a ser precandidatos a diputados mientras que el líder José Manuel Mireles permanece confinado en una celda, y cientos de personas esperan por un juicio justo, donde las instituciones encargadas de brindar justicia no se vendan al mejor postor, como suele suceder. En el país de lo imposible, el Jefe de Jefes del narco se escapa por un túnel increíble, la peste pública alcanza a la comunidad internacional, mientras que en México la estrategia sigue siendo reactiva, sin que los cuantiosos recursos del narco y sus telarañas financieras sufran menoscabo alguno. En el México-Mágico, los futbolistas, las meretrices y los comediantes encabezan los gobiernos, disputan las primeras planas y hasta las curules en el Congreso, mientras los ciudadanos hacen cola por una pantalla de televisión, demostrando que en el país de lo ridículo las telenovelas cogobiernan desde los sets, hasta tocar las conciencias de las jovencitas que buscan ser las nuevas “María mercedes”, para salir de la pobreza aunque sea en su imaginación.

Se enaltece la infamia que nos venden, como un interminable y eterno sermón de buenas intenciones. Se regatea la cultura y el avance científico, se privilegia la grandilocuencia de lo que carece de calidad, la cultura de la tómbola y el chiste sexista que se vende en un gran escaparate. Se aplaude la reivindicación del abuso desde las altas esferas del poder, obligando a los ciudadanos a que adquieran sus propios miasmas. Pagamos los excesos de otros, trabajamos hasta el cansancio para que nos privaticen, nos segreguen, para que otros se aplaudan a sí mismos frente a ostentosos espejos, mientras que el tiempo transcurre sin que al final; la justicia aparezca por ninguna esquina.


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