Humberto Álvarez y “la silla caliente”

La Cara B

El doce de diciembre del 2.012 (12-12-12) no fue un buen día para el Licenciado Humberto Álvarez Márquez. Era Titular de la Agencia Primera del Ministerio Público en Cabo San Lucas (Los Cabos, BCS) y estaba investigando un robo. Los judas, para variar, habían agarrado el día anterior al primer prietito con cara de pobre que se encontraron en la calle, lo esposaron y se lo llevaron. Eso fue día once a las cinco de la tarde. Lo llevaron a declarar a golpe de las ocho y media de la mañana.

A las nueve entra un abogado a la Agencia por un asunto de un cliente, ve a Valentín X (si, los guerrerenses también tienen nombre, además de chúntaro) esposado en la silla y se le hace menor de edad. Termina de ver su asunto y acuerda en regresar en la tarde. A las cuatro de la tarde regresa el abogado y observa que el prietito sigue esposado y sentado en la silla. Como que tener sentado y esposado en una silla a un joven no es muy humano, pregunta porqué lo tienen asi;

¡Y ahí el Licenciado Humberto Álvarez hace su primera pendejada!

Álvarez-“No es tu incumbencia, licenciado; no es tu cliente, sigue con tu asunto y deja al chúntaro ese tranquilo donde está”.

Abogado, “No se vale, Licenciado”. Luego, dirigiéndose al detenido: “¿Quieres que sea tu abogado?”

Detenido: “No tengo dinero”.

Abogado: “No te voy a cobrar, ¿quieres que sea tu abogado?

Detenido: “Si”.

Abogado: “¿Como te llamas?”

Detenido: “Valentín X”

Abogado: “Bueno, Licenciado Álvarez, Valentín X ya tiene abogado, y por lo pronto voy a presentar una denuncia por abuso de autoridad en contra suya”

Valentín X salió absuelto, pues su problema era ser oscurito y guerrerense. Nada tenía que ver con el robo y lo tuvieron que soltar (todavía Álvarez, vengativo, le hizo la maldad de retrasar su liberación y soltarlo a las 3 de la mañana para que tuviera que dormir en la calle, pues no hay servicio de transporte para las colonias). Al Licenciado Humberto Álvarez Márquez, después de crearle muchos problemas, le quedó la denuncia (tenemos copia) y el tache en su expediente. Y claro, el precedente de que a Álvarez le gusta practicar  “la silla caliente”.

Se llama en el argot policial “silla caliente” al acto de tener un detenido expuesto a la vista de todos los que visitan la dependencia, esposado y sentado en una silla de tal forma que no pueda moverse. Queda así la persona expuesta a la vergüenza pública, además de la molestia de no poderse mover en largos periodos de tiempo. En algunos países del primer mundo sería posiblemente considerado un tipo de tortura.

Los tiempos pasaron, Álvarez dejó la justicia y ahora despacha ¡Como Jefe de Recursos Humanos del Municipio de Los Cabos!, ese municipio que administra Arturo de la Rosa como Alcalde. El Licenciado Álvarez es el ejecutor de la reducción drástica de la plantilla de personal del Ayuntamiento, y, según “fuentes no confirmadas”, el encargado de hacerle la vida imposible a los empleados que, a su juicio o al de su patrón, no son lo suficientemente adictos a la nueva administración. ¿Y que cómo saben quién es adicto y quién no? ¡Ah!, será cosa de averiguarlo, lo vamos a hacer.

Una de las personas que ahora son sujetas de su cacería de brujas es Marcela Ceseña, tal como denunciamos en “Peninsular Digital” el pasado ocho de febrero en la columna del colega Leonardo Trejo. Marcela, que lleva quince años trabajando en el Municipio de Los Cabos, específicamente en el área de Recursos Humanos, tiene la desgracia de estar casada con Antonio Luévanos, persona cercana al diputado federal Doctor Ibarra (también por el PAN), con el que colaboró como secretario cuando éste fue Delegado en Cabo San Lucas. Ibarra cometió el terrible pecado de, siendo compañero de fórmula, sacar más votos en Los Cabos como diputado federal que el mismísimo De La Rosa como Presidente Municipal; eso para los “Rosistas” significó una traición (y no que Ibarra sea más popular, que parece serlo) y las traiciones se pagan. Y si es necesario se cobran en la piel de los débiles, aunque no venga a cuento, pues al diputado poco puede hacerle.

Pues bueno, pues ahí va el peregrinar de la pobre Marcela. Primero la mandan al Museo de Cabo San Lucas con menos dinero de ingreso. Cuando se cuela el caso en la prensa y ven que la están regando y les puede causar daño la regresan a Recursos Humanos y a la silla caliente.

Marcela Ceseña ha sido castigada a permanecer en el departamento de Recurso Humanos en Cabo San Lucas, sentada en una silla junto a la puerta. Sin escritorio, sin ninguna tarea de trabajo que realizar, sujeta a las burlas y risas de parte del personal y visitantes (también a la solidaridad de sus compañeros, para que negarlo) durante todo su periodo de trabajo, desde que entra hasta que sale.

A nuestro juicio, el Licenciado José Humberto Álvarez Márquez está importando los viejos vicios de Ministeriales y perjudiciales de la corrupta Procuraduría Estatal del 2012, trayéndolos a la administración de Arturo De La Rosa. ¿Lo sabrá el Presidente Municipal?.

Si no lo sabe, pronto lo sabrá Arturo. Al parecer un despacho de abogados de México se ha interesado en el caso y piensa que puede haber violación a los derechos humanos de Marcela Ceseña, violación a la Ley Federal de Trabajo, posible daño sicológico a la persona y violencia de género. Pronto sabremos que dice la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Y es que a Humberto Álvarez Márquez al parecer le gusta demostrar su poder sobre los muy jóvenes, como Valentín, o sobre las mujeres, como Marcela.


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