Moreira, el calvario de la descomposición

Vertebral

MoreiraMientras que el Gobierno de México, cita a declarar a la actriz Kate del Castillo por el célebre caso del “Chapo”, Humberto Moreira, otrora líder del PRI, arriba de España de manera escandalosa. El mensaje desde lo más alto del poder es muy claro; en nuestro país no se juzga de igual manera. Se  regatea la justicia, se mira a los zapatos del acusado, y si este puede y tiene “con que”, podrá corromper a toda instancia, con tal de librar la cárcel. Es decir, quien pueda brincarse las trancas de la ley, puede hacer lo que quiera con el país. Comprar voluntades, apoderarse de las instituciones, soslayar la capacidad de una sociedad para pensar de acuerdo al sentido común más elemental, caminar pues, en sentido contrario a esa misma sociedad, que ya no aguanta más abusos. Se usará a todas luces, el citatorio de Kate, como un estandarte más de una justicia frígida, sesgada. Culpable o no la actriz, los acontecimientos no podrían estar más a su favor. Una opinión pública, que no cree en los dichos del gobierno y que aún, ve a del Castillo como la victima de un sistema que moraliza en lugar de aplicar la ley, a todos por igual, de modo equitativo.

Y qué decir de Moreira. Como olvidar la entrevista en el programa “Tragaluz”, que otorgara a Fernando del Collado hace algunos años. Lucía radiante el político, entrón y echado para adelante. Incluso, se daba tiempo para bromear, mientras asomaba de entre sus labios una risa pícara de adolescente, que cuidando las formas, no dejaba convertirse en la estridente carcajada de un demente. En esa entrevista, la razón parecía ir abandonando poco a poco, Los ojos claros del político aunque en ese momento, nadie sospechaba siquiera, el tremendo vía crucis que vendría después. ¿Qué habrá pensado el Profesor Moreira, al conocer la noticia del asesinato de su hijo? Seguro algunos, llegaron a pensar que la vida se desquitaba injustamente, de un hombre tan noble, que ya bajo la sombra de la corrupción y tiempo antes de la tragedia, iba rehuyendo tímidamente, los potentes reflectores de la política nacional. Pero el retorno, sería de la mano de una lesión imborrable para cualquier ser humano, un hijo, un ser querido masacrado, por las balas del crimen. El horror, como un verdugo cruel, descompuso el rostro de Moreira, quien durante la misa de cuerpo presente de su vástago, recibió muestras de afecto del pueblo. Las ancianas humildes, las madres de familia, los hombres del campo, acudieron a ofrecer un saludo cabal al ex gobernador, quien no contuvo el llanto, y nadie, o casi nadie, se alegro por el triste suceso.

Tiempo después, cuando todo parecía olvidado, y aquella muerte se hundía en el ceño más intimo de Moreira, el escándalo llamaría otra vez a la puerta. Antes de ello, llegarían las acusaciones a ex colaboradores, la cárcel para algunos, los nexos incómodos, ventilados en cadena nacional. Inesperadamente, Humberto Moreira era detenido en España, bajo una serie de cargos alarmantes, relacionados a la malversación y el lavado de dinero. En México, las campanas al vuelo eran festejadas por la oposición, pero el gusto duraría muy poco. Luego de una breve estancia en la cárcel, Moreira alcanzaría la libertad. Una opinión pública desconcertada, se rebeló en las redes sociales. Nadie daba crédito a lo que los medios destacaban. En México, la cúpula del PRI celebraba con cierta discreción, alegando mesura. Al final, lo que se creía imposible sucedió. Humberto Moreira ambiciono un retorno triunfal, amparado por el rojo manto del poder, pero los vítores, se transformaron en maldiciones.

Moreira arriba al aeropuerto. Detrás suyo, los abogados y asesores, la seguridad pública, al servicio de una ave de las tempestades con las alas más que rotas. Los empujones y el escándalo, caracterizan su llegada, los gritos de ¡ratero!, retumban en los muros del aeropuerto, haciendo eco en las banquetas, mientras el auto gris se lleva a Moreira, lejos del mundanal ruido.  Queda claro que las instituciones nacionales, son arrojadas al frio asfalto, como si se tratara de alfombras rojas, al servicio de los amigos del poder. Una ciudadanía indignada, reprobaría el gesto de admitir como héroe a un probable transgresor, mientras que de arriba hacia abajo, a los ciudadanos, el poder más obeso, les exige aguantar sin hacer gestos.

¿Hubo arreglo tras las cortinas? Entre dos países que al final, comparten algo más que historia. México y España; una bipolar relación enaltecida hoy por los negocios transnacionales. ¿Qué sabe Moreira, que lo vuelve tan digno de ser atraído de nuevo a su país, a pesar de un juego de equilibrios que parece estallar a cualquier tiempo?

Pero lejos de la reflexión, sitiado por un ojo público que ya lo ha desnudado más de una vez, está el recuerdo de aquel político alto y aceitunado, que no desperdiciaba la oportunidad de ponerse a bailar frente a todos, en los actos públicos. El gobernador de los dientes blancos y la mirada de fuego, que demolió con sus palabras a sus enemigos. ¿Habrá entendido ya, que el poder jamás será gratuito? ¿Que el poder absoluto es una afrenta, en un país que se debate ante la desigualdad? ¿Qué el precio de un exceso tan evidente, además de la degradación es el desarraigo? ¿Utilizó Moreira su derecho al silencio, para evitar la cárcel? Más allá de las preguntas que asaltan nuestras conciencias, repica la tragedia ante los pasos de Moreira. Su calvario, es la vía dolorosa de la descomposición de un sistema, que parece no aguantar más resucitaciones. Moreira llorando. Moreira bailando. Moreira detenido en España. Moreira retornando a México, en medio de los empellones y el chismerío. Moreira entre sarcófagos y una riqueza abstracta, que junto al poder de lo que calla, adquiere grado de intangibilidad.

El calvario de la descomposición, es la ruta que Moreira ha decidido transitar, ratificando que el poder lo cuestiona todo, aún la vida en su más sagrada manifestación. Trastoca también la fe, o el entendimiento de que no se es eterno, exhibiéndose como una adicción enfermiza, cuyo desafiante precio pareciera una maldición interminable. En el juego mortal de la política, alguien debe sintetizar en sí mismo, todos los escarnios posibles, y aunque la recompensa se antoja inmensa, el desequilibrio la rebasa. No señor Moreira, no siga usted pensando, que su plumaje es de aquellos; “que cruzan el pantano sin mancharse”.


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